sábado, 11 de julio de 2015

Malvado nacionalismo

Leí por ahí, en Internet, que menos de cinco contradicciones en uno mismo es dogmatismo. Bueno, se lo leí a Hibai Arbide (@Hibai_) y no sé si la frase es suya.

Aparentemente, se podría decir que una de esas contradicciones en mí es la que tiene que ver con el nacionalismo. Yo no la veo contradicción porque tiene matices, pero superficialmente puede considerarse así. Concretamente, a pesar de que soy nacionalista, no me gusta nada el nacionalismo. Podría aducirse la típica frase de que soy un nacionalista deseando dejar de serlo, aunque me suena demasiado a lugar común. La cuestión es que aunque me identifico con una cierta nación y con sus símbolos, no llevo este sentimiento de identificación a lo irracional, y tampoco me gusta la gente que lo hace.

¿A qué viene todo esto? A una cuestión sencilla. Desde que el gobierno de Syriza se plantó ante la Troika (para luego ceder, pero ese es otro tema) y montó un referendo para preguntar a los griegos si aceptaban las políticas de austeridad, se viene cuestionando mucho, más que en los años anteriores, el papel y el funcionamiento de la Unión Europea, y concretamente de un país miembro, Alemania.

Desde que empezó la crisis de deuda se viene culpando a Alemania y a los alemanes de todos los males que nos aquejan a los territorios meridionales de la Unión Europea. Se vienen diciendo auténticas burradas.

Discutí con un amigo de mi pareja porque aseguraba que toda la culpa de lo que nos pasa es de Alemania, que nos quiere empobrecer y explotar. Yo le decía que en última instancia la culpa sería de nuestros propios gobernantes, que aceptaban lo que les decían desde fuera, pero él parecía exculpar a todo aquel que tuviera carné de identidad español. La culpa era claramente de Alemania.

Muchos están diciendo que Alemania está intentando por la vía económica lo que no pudo por la militar: subyugar al resto de Europa. La manida referencia al Tercer Imperio, a la Segunda Guerra Mundial. Me cansa mucho que se siga identificando a Alemania con ese corto periodo de su historia, pero bueno.

Y lo que me ha parecido más absurdo de todo, ha sido alguien en Twitter asegurando que los alemanes nos odian a los europeos del sur. Así de sencillo, nos odian.

Estas tres opiniones tienen en común un componente nacionalista que me parece inadecuado e incluso peligroso. Se confunden las técnicas, intenciones y opiniones del gobierno alemán con las de los alemanes de a pie, solo porque compartan ciudadanía. Pero, a pesar de que los alemanes sean quienes hayan elegido ese gobierno (dentro de las rígidas normas de la democracia burguesa), me sigue pareciendo totalmente incorrecta esa interesada confusión.

Los alemanes de a pie, los que se levantan cada día para ir a trabajar y volver a casa a estar con su familia, están preocupados por su vida y por lo que los rodea. Ya tienen suficiente con lo suyo, como para tener que gastar energía en odiar a gente que ni conoce, o en desear empobrecerlos o subyugarlos. Los hay que tendrán un cierto interés en ello, pero la gran mayoría de los alemanes no tiene ninguna implicación directa en algo así y si se les llegara a pasar por la cabeza sería por un cierto envenenamiento mediático, claramente nacionalista.

El problema es que quien está orquestando todo esto no son los alemanes: es la clase dirigente alemana. La burguesía, vamos. Y su motivación no es tan nacionalista como capitalista: necesitan mano de obra a la que explotar para seguir engordando sus bolsillos. Lo mismo les da que esa mano de obra sea alemana, que griega, que portuguesa o andaluza. Pero tienen un mecanismo perfecto para conseguirlo, la Unión Europea, y este mecanismo ha conseguido aplastar más fácilmente a los que estamos en el sur. Ya utilizan otros mecanismos internos para aplastar a la clase obrera alemana.

Y, por supuesto, las burguesías del resto de los países no van a oponerse a estos mecanismos porque también les reportan jugosos beneficios. El dinero no entiende de nacionalidades; el capitalismo no entiende de nacionalidades. Los diversos tratados de la UE nos lo han demostrado y en el futuro lo hará el TTIP, que han aprobado los mismos de siempre para beneficiarse de nosotros.

La democracia que creíamos tener, esa pantomima burguesa que solo puede funcionar con las normas que ellos han fijado, está perfectamente diseñada para que no consigamos tirar estos mecanismos de extracción de nuestro trabajo. Partidos políticos capitalistas y medios de comunicación a su servicio trabajan duro para que el sistema esté atado y bien atado y no se vea en riesgo porque reclamemos lo que es nuestro.

Así que la próxima vez que quieras echar la culpa a los alemanes de algo, piénsalo dos veces. El alemán medio es un trabajador (o trabajadora) al que le han bajado el sueldo un par de veces con la excusa de la reunificación anexión de la RDA y al que le han introducido un copago sanitario brutal (10 euros cada trimestre que visites el médico, 10 euros cada día de hospitalización, ...). El alemán medio no te está robando, ni explotando, ni te odia ni te quiere conquistar; simplemente intenta llegar a final de mes y tener una vida cómoda para él/ella y su familia. Los directivos de las grandes empresas alemanas tampoco te odian, pero sí te desprecian y quieren exprimirte. Los de las grandes empresas españolas también. Quieren exprimirte a ti, a mí, a los portugueses, a los griegos, y a todo el que se deje.

Y nosotros nos estamos dejando. Nos han vendido como algo bueno todo lo que les da beneficios. El libre comercio, la moneda única, la política agraria común que ha conseguido desindustrializarnos. ¿Hasta cuándo se lo seguiremos permitiendo?

jueves, 4 de junio de 2015

Solidaridad mal entendida

En la vida de todo trabajador siempre surgen desavenencias con la empresa que compra su trabajo. Mayores o menores, pero siempre acaba surgiendo algo. A nivel individual o colectivo. Y para estas cuestiones colectivas tenemos esa bonita herramienta que llamamos negociación colectiva, parte de la acción sindical.

Una herramienta muy bonita y romántica, pero cuya efectividad depende, precisamente, de la colectividad, del grado de implicación que esta colectividad tenga en la resolución de sus problemas. De hasta dónde están dispuestos a llegar los trabajadores para reclamar lo que creen oportuno reclamar.

Porque las cosas suelen ponerse feas y las acciones colectivas acaban siendo necesarias. La más importante de estas acciones es la huelga, y también la más llamativa. Todo el mundo sabe lo que es una huelga. Todo el mundo ha vivido alguna huelga, si no en su empresa, en alguna de las que lo rodean.

Lo que mucha gente olvida, sobre todo los que no han necesitado hacer huelga, es que la huelga es un último recurso. Solo se recurre a ella cuando ningún otro recurso ha funcionado. A nadie le apetece perder un día de trabajo, que no vas a cobrar. ¿Y qué trabajador puede permitirse perder un día de sueldo?

El problema es que la maquinaria propagandística neoliberal, siempre al servicio de la patronal y sus beneficios, ha hecho estragos en la opinión pública acerca de la huelga y de la lucha obrera. Nos ha desclasado a todos, y uno de sus efectos es que ya no vemos con claridad el objetivo y el poder de la movilización de los trabajadores.

En mi empresa no hemos llegado al punto de hacer huelga, pero sí hemos empezado a movilizarnos. El primer paso ha sido decidir no hacer horas extraordinarias. Aunque siempre se habla en las firmas de convenios, y en las modificaciones del Estatuto, de que las horas extraordinarias deben ser suprimidas, y se debe hacer todo lo posible para evitarlas (en su lugar se debería contratar a más trabajadores para hacer esas horas necesarias), la cuestión es que en algunos sectores se depende mucho de las horas extras, y mi empresa se dedica a uno de esos sectores. Así que el negarse a hacer horas extraordinarias ya hace el suficiente daño como para que tengan que empezar a tenernos en cuenta para negociar.

Sin embargo, no es tan fácil poner de acuerdo a todo el mundo. Si bien mucha gente es consciente de la necesidad de tomar acciones colectivas, siempre hay quien se desmarca (por desgracia, en algunos sectores son más los que se desmarcan que los que luchan. Pero ya hablaremos de eso). Y siempre te vienen con la excusa de que no pueden permitirse dejar de ganar ese dinero.

La primera incongruencia es que las horas extraordinarias son eso, extraordinarias, y por lo tanto no es dinero con el que debas contar, porque bien podía haber pasado que no se necesitaran. Por lo tanto, sí puedes permitirte dejar de ganarlo. Pero, ay, qué goloso es el dinero, ¿eh?

Voy a hacer un juicio, que sé que no me corresponde, pero lo voy a hacer. Y es que la gran mayoría de la gente que no quiere dejar de ganar ese dinero (extra) no lo necesita, estrictamente hablando. No los van a echar de casa por ganar cien euros menos. No van a morirse de hambre ni dejar sin comer a su familia. Es una generalización y soy injusto por decir esto, pero no me equivoco. Por otro lado, hace cien, ciento veinte años, la gente se pasaba todo el día currando para llevar a casa dos mendrugos de pan. Y si había que hacer huelga se hacía... aun cuando la huelga no era legal. Pero había mucha más conciencia de la necesidad de luchar juntos por el bien de todos. Hoy en día me importa más irme de vacaciones una semana a la playa pagando un dineral que la lucha para que la empresa cumpla con la legalidad.

Mi problema, y por el cual viene este artículo y lleva ese nombre, es la actitud general hacia las movilizaciones. Concretamente, hacia los que no las siguen.

No sé cuántas veces habré oído en estos días que hay que entender al que viene a hacer horas. Primero hubo uno que me dijo que no había que llamarlos esquiroles. A ver, óigame usted, pero si se desmarcan de las movilizaciones, son esquiroles. No te gusta la palabra, vale. Pero no me digas que no llame a las cosas por su nombre, o a la gente por lo que es. Y si has decidido que no quieres seguir la movilización de tus compañeros, eres un esquirol. Ya que lo eres, llévalo con orgullo. Defiende tu postura. ¿No tienes tan claro que tienes derecho a trabajar? Defiéndelo. Pero ser un esquirol y encima no querer que te lo llame, es peor que ser esquirol, es ser un renegado.

Precisamente me acerqué uno de los días en cuestión para ver quién estaba haciendo horas (yo estaba de turno en ese momento). Y una compañera me preguntó qué hacía por allí, se lo expliqué. Al fin y al cabo, los compañeros movilizados siempre acaban preguntando quién ha ido a hacer horas, y están en todo su derecho de saberlo. Y obviamente, a los que están luchando por mejoras, a los que están privándose de hacer horas, no les gusta que haya compañeros que no se sumen. Habrá gente que se lo tome mejor y gente que se lo tome peor, pero en general, desagrada.

Mi compañera me dijo que hacer lo que yo estaba haciendo era incorrecto y denotaba intolerancia, que había que entender al que venía a hacer horas (es el nuevo mantra) y que todo el mundo tiene derecho a venir a trabajar si quiere. A pesar de que le expliqué que yo no iba a coartar a nadie ni a decirle a nadie lo que tenía que hacer, que yo solo iba a mirar, a informarme y a informar luego a los demás, la compañera estaba muy segura de que lo que yo hacía estaba mal.

Esta postura está muy, muy extendida, aun cuando hace cien años te hubiera convertido en un apestado.

Lo que parece que esta gente no entiende (o decide no entender) es que no es una cuestión de tolerancia. No es que me moleste que tú vengas a trabajar porque no haces lo mismo que yo o porque no piensas como yo. Es porque en la lucha obrera, si no te movilizas estás torpedeando la movilización. No existe la opción de quedarte a un lado. Si te sumas, das fuerza al movimiento, pero si decides no sumarte, se la restas, porque con tu trabajo estás contrarrestando el efecto de la movilización.

Por eso, los compañeros movilizados quieren saber quiénes son los que no se suman (los esquiroles, por decirlo más directamente). Y no necesariamente porque se les vaya a coartar o a obligar a nada, nada de eso. Pero si sabes que tu compañero está poniendo trabas a la consecución de mejoras por las cuales tú te estas arriesgando, es natural que no te guste, que no quieras sentarte con él a comer o hacerle favores, que no quieras colaborar con él más allá de lo que el desempeño de tu puesto de trabajo te exige. Y tienes todo el derecho a hacerlo.

Según mi compañera, nuestra postura es intolerante. Incluso llegó a decirme que somos insolidarios porque no queremos entender a los esquiroles. Sin embargo, yo tengo claro lo contrario. Estas personas se comportan de una manera sumamente insolidaria, por lo que he comentado antes.

Y por una cuestión que todos pasamos por alto (y sobre todo ellos): si al final se consiguen las mejoras que se han reclamado, ellos también las van a disfrutar. Y eso es lo verdaderamente injusto. Gente que no ha querido mover un dedo, que no ha querido arriesgar absolutamente nada, y que no ha perdido un solo céntimo, va a trabajar con las mismas condiciones que tú, que te has privado de horas extras o que has ido a la huelga, perdiendo días de salario.

A mi compañera le parece mal que no entendamos a los esquiroles. No obstante, dejando de lado la insolidaridad que se desprende de sus actos, creo que existe una evidente carencia de madurez en su postura. Se te ha presentado la elección: vengo a hacer horas extras o no vengo. Doy fuerza a la movilización o se la quito. Me gano mis 13 euros la hora o no me los gano. Al final, decides venir a hacer horas, con todo lo que conlleva para tus compañeros. ¿Encima vas a querer que te traten como si no lo hubieras hecho? Como decía mi madre, to no se puede llevá palante (aquí en Sevilla dicen que teta y sopa no cabe en la boca). Y ya tenemos bastante edad como para saber estimar las consecuencias de nuestros actos. Tomas una decisión, eliges una opción, tendrás que aceptar todo lo que conlleva. Igual que los que nos movilizamos elegimos ser señalados, a cambio de lo que podamos conseguir para todos.

Así que me parece que, por desgracia, la solidaridad hoy en día está mal entendida. No por todos, claro, pero hay demasiada solidaridad con el que no es solidario. Y por eso nuestras condiciones laborales están tomando este camino. En todos los sectores. Si no quieres que te exploten, tienes que luchar. Con todo lo que conlleva, con todo lo que arriesgas. Nuestros bisabuelos lo tenían muy claro. Si se nos olvida lo acabaremos lamentando.

viernes, 1 de mayo de 2015

Conciencia de clase

Conciencia de clase es saber que dependes de tus manos para sobrevivir.

Es saber que no te van a regalar nada y que solo vas a tener lo que pelees por conseguir.

Conciencia de clase es saber que hay gente que vive de tu trabajo porque te lo compra lo más barato que puede. Que los que poseen los medios de producción van a hacer lo que puedan por aprovecharse de tu necesidad. Que si das la mano te cogen el brazo.

Y a la vez, conciencia de clase es saber que si todos los trabajadores y trabajadoras nos ponemos de acuerdo, podemos conseguirlo todo. Porque ya lo hemos hecho anteriormente. Porque las vacaciones pagadas y la jornada de 8 horas se consiguieron con huelgas, con sangre. Que algunos/as de nosotros murieron en el intento.

Conciencia de clase es lo que el burgués intenta que no tengamos porque, si tomásemos conocimiento de nuestro poder, el burgués tendría que trabajar y no podría vivir de explotarnos.

La lucha obrera se hace todo el año, pero hoy es el Día Internacional del Trabajo, del Trabajador y la Trabajadora o de la Lucha Obrera, y sirve para no olvidar lo que somos, para recordar dónde estamos, de dónde partimos, adónde podemos llegar, y lo que puede pasar si no luchamos.

Es nuestro deber como obreros, por nosotros mismos, por todos nuestros compañeros y compañeras de hoy, los que lucharon, y los que lucharán mañana.

Feliz día del trabajo a todos.

sábado, 28 de marzo de 2015

Elecciones en Andalucía (II). Reformando el sistema electoral

El propósito de este artículo es, simplemente, comparar el reparto de escaños que habría salido de las últimas elecciones al Parlamento de Andalucía si el sistema de reparto fuera diferente.


El reparto actual (provincial, ley d'Hondt, barrera del 3%) queda del siguiente modo:




Primera variación. Eliminando la condición estatutaria de que ninguna provincia elegirá el doble de diputados que otra (sobrerrepresenta las provincias más despobladas -rurales-) y haciendo en su lugar un reparto proporcional según población.


En el resultado vemos que se verían beneficiados Podemos y Ciudadanos, que han conseguido mejores resultados en las provincias más pobladas.

Segunda variación. Eliminando las provincias, utilizando en su lugar una circunscripción electoral única para toda Andalucía.




En este caso ganarían escaños Podemos y Ciudadanos, pero sobre todo Izquierda Unida, debido a que en el reparto por provincias pierden muchos votos que no llegan a obtener representación.

Tercera variación. Eliminando las provincias y además la barrera del 3%.


Del mismo modo que en el caso anterior, UPyD y el Partido Andalucista tendrían votos suficientes para entrar en el reparto pero, dado que sus votos están repartidos por todas las provincias y no llegan al 3% de la población, se quedan fuera en el reparto actual.

Cuarta variación. Mantenemos las provincias con sus escaños actuales, pero en lugar de repartirlos por ley d'Hondt lo hacemos por método proporcional (resto mayor).






En este reparto vemos algo claro: la ley d'Hondt beneficia a PSOE y PP, mientras que perjudica a los más pequeños. De hecho, IU sacaría con el método proporcional el doble de los escaños que ha obtenido con ley d'Hondt.

Quinta variación. Asignamos a cada provincia escaños proporcionales a su población, y luego los repartimos también por método proporcional.





En este caso, comparado con el anterior, IU sacaría dos escaños menos y Ciudadanos dos más, seguramente por la mayor implantación de Ciudadanos en las zonas urbanas (Sevilla, Málaga y Cádiz).

Sexta variación. Igual que el caso anterior (provincias con escaños proporcionales a su población, repartidos por método proporcional) pero sin la barrera del 3%.


En este caso se ve claramente cómo la barrera del 3% perjudica a partidos minoritarios, en este caso UPyD y PA.

Séptima variación. Circunscripción única para toda Andalucía, escaños repartidos por método proporcional, con barrera del 3%.





Si comparamos con la segunda variación, vemos que, de nuevo, la ley d'Hondt beneficia al PSOE.

Octava variación. Circunscripción única para toda Andalucía, escaños repartidos por método proporcional, esta vez sin barrera del 3%.


Por último, esta opción, que es la más cercana al principio de «una persona, un voto», es la que daría el parlamento más plural. Ocho partidos en total y un reparto tal que los únicos pactos de gobierno posibles serían PSOE+PP y PSOE+Podemos. Una situación que obligaría a más de uno a entenderse.


Cuando salgan los datos oficiales y tenga mucho tiempo, a lo mejor pruebo a hacer el reparto si se otorgaran los diputados por comarcas.

lunes, 23 de marzo de 2015

Elecciones en Andalucía. No todo es tan malo como parece

(Nota: después de terminar el texto me he dado cuenta de que parece que soy de Podemos. No soy afiliado ni simpatizante de Podemos, hay muchas cosas de ellos que no me terminan de convencer (como la torpeza en su política territorial), pero confieso que los voté ayer. Dudaba entre ellos e IU, pensaba que eran las dos únicas opciones aceptables desde mi punto de vista ideológico, y al final decidí darle la oportunidad al círculo morado.)

Casi todos mis conocidos más cercanos, amigos y familia se iban ayer a dormir con una profunda decepción por los resultados de las elecciones andaluzas. En resumen, el partido que lleva más de treinta años gobernando la comunidad autónoma mantenía su número de escaños, después de varios escándalos de corrupción y una legislatura más bien sobresaltada.

Del mismo modo, la propia Susana Díaz anoche proclamaba a los cuatro vientos su victoria y el respaldo masivo de los andaluces a su candidatura, porque además era la primera vez que los andaluces la podían votar y el 35% de los votantes lo hicieron. Recordemos que cuando llegó a la Presidencia fue por designación directa.

Mentiría si dijera que no me decepcioné ayer. Desde luego, los 47 escaños del PSOE me sabían a demasiado, mientras que los 15 de Podemos y los 5 de IU me parecían muy pocos. Vale, estaba claro que el electorado castigaría a IU por el pacto de gobierno con el PSOE, pero... ¿sólo cinco? ¿Y con Podemos qué pasa?

Hemos sido víctimas de la coyuntura mediática y política. Nos parece que Podemos está de moda, pensábamos que era el partido que iba a arrasar y llevárselo todo de calle. Sale en la televisión, sobre todo en la Sexta; se habla de él en Twitter y Facebook. Precisamente en las redes sociales es donde el PSOE y el PP son dos partidos más, que no destacan por ser especialmente desenvueltos.

Pero la realidad andaluza es otra. Hay grandes masas de gente que ve la tele, sí, pero apenas ve la Sexta. De hecho apenas se interesan por ningún programa de televisión donde se hable de política (los programas televisivos de política además tienen una calidad bastante baja, con grandes sesgos y ataques interesados a partidos, pero ese es otro tema). Grandes masas de gente que no entra en Internet y que, si lo hacen, no lo hacen para informarse en redes sociales, porque ya obtienen su información por otros medios. En esos medios la preponderancia del PSOE y del PP es casi absoluta.

Ya en las elecciones europeas, en las que estuve de apoderado, me sorprendí de que hubiera interventores, presidentes y vocales de mesa que no conocieran a Podemos. Por entonces ya llevaban meses en la palestra televisiva e internáutica, y yo tenía la impresión de que Pablo Iglesias, Errejón y Monedero eran bastante conocidos. Pero cada voto que salía para Podemos era un gesto de extrañeza en la cara de estas personas.

Obviamente la situación actual no es la misma que en mayo del año pasado, pero no podemos pretender que ahora Podemos se coma el mundo. Ha obtenido 15 diputados y ha sido la tercera fuerza política en un parlamento más repartido que nunca.

Por otro lado, hay que tener en cuenta la situación de la que veníamos. Las elecciones de 2012 fueron muy difíciles para el PSOE, recibieron muchos votos de castigo, el escándalo de los ERE estaba mucho más fresco que ahora y Griñán no es el santo de la devoción de mucha gente; muy trabajador, pero muy poco carismático. En 2015 el PSOE ha conseguido movilizar a muchos votantes que en 2012 se habían quedado en casa. Y no olvidemos que Susana Díaz es una oradora espectacular. A la gente se la lleva de calle, y ha conseguido dar imagen de ser «algo nuevo» después de los dinosaurios Griñán y Chaves; el PSOE lo ha cambiado todo para que nada cambie. Si a esto le sumamos que los casos de corrupción andaluces ya son tema diario en las noticias, su impacto es mucho menor del que era.

Andalucía es una sociedad muy conservadora. No tanto en el sentido social, en el que pienso que es una sociedad bastante abierta y liberal, pero sí en el sentido político. Mucha gente (sobre todo de más de 50 años) no piensa en otros términos que no sean PSOE y PP (bueno, y los comunistas, que siempre han estado ahí pero nunca han sido vistos como voto útil). Es muy probable que nunca dejen de pensar en esos términos. Dada la composición social de Andalucía, también es lógico que entre estos dos el PSOE tenga mucho mayor predicamento que el PP. Si a esto le sumamos que en treinta años ha habido tiempo para tejer ciertas redes clientelares, el resultado estaba cantado.

Tenemos que tener en cuenta, del mismo modo, que Podemos carece de estructura local en gran parte de las ciudades medias y pueblos de Andalucía. Hasta ahora se ha comportado como un fenómeno urbano. En las grandes ciudades han recibido muchos votos, en algunas han superado al PSOE-A, y en casos como el de Cádiz capital han sido el partido más votado. Pero si comprobamos los datos de muchos pueblos de Andalucía, Podemos ni está ni se lo espera. Su extensión por las zonas rurales va a ser lenta y a estas alturas aún no se ha dado. Susana Díaz lo sabía perfectamente cuando adelantó las elecciones.

Por eso nos queda PSOE para rato, pero el cambio se está dando. Lentamente, porque Andalucía avanza lentamente, pero se está dando. La movilización extraordinaria que ha tenido el PSOE en estas elecciones solo le ha permitido obtener los mismos escaños que en las pasadas elecciones, pero no más, y su porcentaje de votos ha bajado en tres puntos. Nos han vendido como gran victoria lo que hace tres, seis, nueve años habría sido un resultado muy mediocre. Nos habíamos creído que el PSOE iba a ser el PASOK griego, que iba a dejar de ser la fuerza más votada. Y si bien pienso que ha comenzado su cuesta abajo, también creo que esta cuesta va a ser larga y poco empinada. Pero ya ha comenzado, la cantidad de militantes y simpatizantes del PSOE que se han pasado a Podemos no es nada despreciable, y esa gente es difícil que vuelva al PSOE.

En resumen, prefiero ver los resultados de ayer desde este punto de vista positivo. Las cosas han empezado a moverse. Ahora está en las manos de todos conseguir que no se paren. Y por eso no nos podemos desanimar, y Podemos no puede venirse abajo. Tiene que seguir en la calle, dándose a conocer y enseñando a la gente que el cambio en Andalucía es necesario.

PD: Quiero dedicar un párrafo a Izquierda Unida, coalición a la que le tengo cariño. De hecho me ha encantado Elena Cortés como consejera de Fomento y Vivienda y me apena que se le haya acabado el mandato. Pero, aunque solo sean cinco parlamentarios, IU sigue viva. Cuando empezaron el pacto de gobierno sabían que corrían este riesgo. Tomaron esta decisión y podía haberles salido peor. Ánimo y a seguir en la lucha.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Política ficción. ¿Unas elecciones sin Catalunya?

Vamos a hacer un poco de política ficción.

Hace unos meses, justo después de las elecciones europeas, mi amigo del blog No sabe, sí contesta se dedicó a calcular cómo quedaría el Congreso de los Diputados si los resultados de las elecciones europeas se repitieran en las generales. Sí, todos sabemos que los resultados no son extrapolables, y todo eso. Pero es divertido hacer cábalas, ¿que no? Los resultados que obtuvo están en este artículo.

Con la consulta catalana y todo el revuelo que se está armando, me dio por pensar... ¿qué ocurriría si Catalunya finalmente declarara la independencia y saliera de nuestro sistema electoral? ¿Cambiaría mucho la situación?

Así que me dediqué a calcular el reparto de escaños con la cantidad de votos que se obtuvieron en las pasadas elecciones europeas, pero retirando a Catalunya del recuento.

Repito que lo hago más por diversión y curiosidad que otra cosa. Obviamente, sé que
  • los resultados de las europeas no son extrapolables a las generales
  • si Catalunya finalmente se independizara seguramente acabaríamos cambiando la Constitución y posiblemente el sistema electoral
  • la situación actual, cuatro meses después de las europeas, ha cambiado bastante, Podemos es mucho más conocido que por entonces, el PSOE ha elegido nuevo líder, el PP amenaza con cambiar el sistema de elección de alcaldes, luego amaga con aparcar la reforma del aborto pero la deja en el aire...
Bueno, voy con los resultados.


Lo primero que llama la atención es el reparto de escaños. A Catalunya con los actuales datos de población le corresponderían 47 escaños. Si, de repente, desaparecieran del cómputo, esos 47 escaños habría que repartirlos entre el resto de las provincias y ciudades autónomas. De ellos, 8 se los llevaría Madrid, Valencia se llevaría 4, Sevilla y Alicante 3, Málaga y Murcia 2.

Esto da como resultado que la circunscripción de Madrid se convierte en un monstruo megalómano con 44 diputados, sin nadie que le haga sombra, dado que la siguiente provincia más poblada es Valencia y elige sólo 19, menos de la mitad.

Quiero destacar que, tal y como se hace actualmente el reparto de escaños, Ceuta y Melilla siempre escogen un solo diputado independientemente de su población. Esto me parece bastante injusto y desequilibrado, puesto que al hacer reparto proporcional les habría tocado uno más a cada una si tuvieran esa posibilidad. Es decir, que si fueran provincias y no ciudades autónomas, Ceuta elegiría 3 diputados y Melilla se quedaría con 2 y muy cerca del tercero. (Esto en los cálculos que he hecho, quizá estando Catalunya en el reparto no les toquen diputados adicionales. No he hecho el cálculo).

Vamos con los resultados.

PartidoReparto sin CatalunyaReparto con Catalunya
PP149138
PSOE112106
IU2624
Podemos2219
UPyD1410
EH-Bildu88
PNV87
Compromís32
CC22
BNG20
C's24
ERC (MÉS?) 115
VOX11
CiU014

El Partido Popular seguiría siendo el más votado, y su diferencia con el PSOE sería aún mayor. La gobernabilidad, sin embargo, no la tendrían asegurada. PP+UPyD+C's+Vox sólo sumarían 166 escaños, les faltarían 10 para alcanzar una mayoría absoluta. Por la izquierda tampoco estarían más fáciles las cosas, salvo que se hiciera una coalición con nacionalistas de toda clase de origen.

Quiero resaltar un par de cuestiones que me parecen interesantes:
  • Con el reparto anterior, BNG se quedaba fuera del Congreso de los Diputados. Sacando a Catalunya de la escena, se lleva los dos escaños adicionales que repartiría Galicia, uno por A Coruña y otro por Pontevedra.
  • El escaño adicional que escoge Gipuzkoa se lo llevaría el PNV, que llega a alcanzar en escaños a EH-Bildu. Por otro lado, Compromís se llevaría uno de los cuatro que añade Valencia, y pasa de dos a tres.
  • Ciudadanos-Ciutadans pierde la mitad de su representación al desaparecer Barcelona del reparto. Los dos únicos diputados que llega a colocar en el hemiciclo son por la provincia de Madrid.
  • UPyD sube en cuatro: uno por Madrid, uno por Valencia, uno por Las Palmas, y hace su aparición en Cádiz.
  • El grupo de IU acusaría bastante la falta de Catalunya por el tirón que tiene IC-V, que con el reparto anterior se llevaba 4 escaños por Barcelona. Se nota en que, aunque todos los partidos estatales se ven favorecidos por este nuevo reparto, IU es de los que menos: sólo sube en dos escaños a 26 (frente a Podemos que sube en tres a 22 o UPyD que sube en cuatro a 14).
  • Lo que más llamativo me parece es el caso de ERC. Se lleva el escaño adicional de Baleares. Sin embargo, cabe destacar que en las elecciones europeas, MÉS per Mallorca decidieron no presentarse y pidieron el voto para ERC. Por lo tanto, en la tabla no puedo poner ERC a solas, pero tampoco puedo suponer que todos esos votos son de MÉS, porque muy probablemente haya de todo entre los votantes de esa candidatura. De cualquier modo, a simple vista, esto lleva a la paradoja de que, sin Catalunya en el reparto, aún tendríamos en el Congreso a Esquerra Republicana de Catalunya. xD
Hasta aquí la política ficción. Es obvio que lo que salga de las próximas elecciones generales no tendrá nada que ver con esto, pero lo que sí me parece seguro es que serán unas elecciones emocionantes y con resultado sorprendente.

viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Hemos perdido Andalucía?

He de confesar que, aunque mis ideas no han cambiado en lo más mínimo, hay días que me desanimo.

Observo la situación política de mi país, y me da lástima. Me da lástima porque nuestra cultura democrática y política es escasa (por no decir que no existe). Porque muchos de mis conciudadanos consideran la política como algo en lo que no pasarán de espectadores, porque consideran que no tienen nada que decir o que hacer que sirva para algo, que no pueden hacer nada para cambiar las cosas. Y por eso estamos como estamos.

Y si esto es cierto para la política estatal, lo que más me duele es que ocurre lo mismo pero en mayor medida para la política andaluza. No pensamos en clave andaluza. Andalucía para los andaluces, hoy en día, es un concepto casi folclórico y, por supuesto, ajeno a la política. A pesar de que la Junta de Andalucía es la titular de muchas de las competencias públicas en nuestro país, la gente ni se informa ni se interesa por lo que pasa en la Junta ni en el Parlamento de Andalucía.

Y, por supuesto, los resultados son casi un calco de los resultados de las elecciones a las cámaras estatales. Tenemos un Parlamento con (sólo) tres partidos, todos ellos con sede en Madrid. Y, si hacemos caso a las últimas encuestas, en las que se prevé la entrada de Podemos y UPyD para las próximas elecciones autonómicas, nos espera más de lo mismo. Soy el primero en reconocer los errores del Partido Andalucista, que han sido muchos, pero sí puedo asegurar que ha sido el que más caros ha pagado sus errores. Los tres partidos con representación parlamentaria han cometido errores similares o más graves, pero siguen ahí y sin perspectivas de perder su representación.

Pero que estemos hablando de esto ya es triste. La única formación de marco nacional andaluz que nos planteamos ver en el Parlamento es el Partido Andalucista (y la gran mayoría de la gente incluso defendiendo que no estén porque lo hicieron muy mal... porque los demás lo han hecho muy bien, claro). Un partido que no pasa de regionalista y con ideología política indeterminada, que hoy defiende políticas de izquierda y mañana de derecha, o que en algunos municipios es de izquierda y en otros de derecha. No hemos llegado al grado de madurez política necesario para tener un partido andalucista de izquierda y otro de derecha. Y de ver a algún partido independentista en el Parlamento entiendo que ni hablamos. A la mayoría de la gente le suena a extraterrestre simplemente plantearse que el independentismo andaluz existe.

Vale, existe la CUT. Andaluza e independentista. Sánchez Gordillo hace ruido y es bien conocido. Pero la CUT está integrada en Izquierda Unida. ¿Cuánta gente sabe que la CUT es un partido con entidad propia? El independentismo de Sánchez Gordillo es desconocido para mucha gente, y los que han oído algo de él, piensan que es una manera de llamar la atención más que una ideología real. Personalmente, opino que esto no pasaría si la CUT no estuviera integrada en Izquierda Unida. Pero, ay, entonces no estaría en el Parlamento.

Vuelvo al tema del principio, en Andalucía reina la cultura política del nada va a cambiar, así que no te esfuerces. El divorcio permanente con las instituciones. Y por eso, dejando aparte a Izquierda Unida que, hasta las últimas elecciones, se las prometía más agresiva (el pacto de gobierno ha sido desastroso), la presencia mayoritaria de PP y PSOE es un síntoma de que la poca gente que toma partido prefiere votar a aquellos que no suponen un sobresalto. Las cosas están mal, pero no me las cambies. Al fin y al cabo, los que no son PSOE y PP son unos radicales, unos antisistema o no sé qué chorradas.

La crisis económica, que es la que está haciendo tambalearse a este deficiente sistema, al final resulta que sólo la podrán aprovechar los de Podemos y UPyD, las dos nuevas fuerzas políticas españolas. Podríamos hablar de por qué el andalucismo no ha resurgido en esta oportunidad y culparlo (parte de culpa tiene, claro, por ejemplo por haber seguido enfrascado en luchas internas de gente que ya no tenía nada que ganar)... pero sería injusto obviar el hecho de que nuestro gobierno autonómico ha conseguido su propósito, que es desactivar Andalucía políticamente. Podrían incluso cambiar el lema del escudo y quitar el «Andalucía por sí», sería más realista. Ahora más que nunca, Andalucía sólo es para España. A pesar de lo andaluces que nos sentimos todos, el tema competencias y autogobierno nos la suda. Ahí tenemos que los que fuimos a votar el referéndum del Estatuto no llegamos ni al 40% del censo. Con este panorama político (y con estos medios de comunicación públicos que miran más a Madrid que a Sevilla, Málaga o Granada), un partido cuyas aspiraciones acaben en Despeñaperros tiene poco que hacer.

A pesar de todo, sigo confiando en que algo resucite nuestro sentimiento de identidad política. O estaremos perdidos para siempre.