jueves, 27 de octubre de 2016

¿Saben lo que implicaría mantener el horario de verano?


Esta declaración va en línea con la que ha aprobado el parlamento balear esta semana, con una argumentación que haría llorar a cualquiera con dos dedos de frente.

Aseguran que «la sociedad moderna necesita que las horas de sol se adapten a su tiempo de ocio» y se quedan tan anchos. Pero es que, además, añaden que «supone un ahorro energético, favorece la desestacionalización turística y dinamiza la actividad comercial, así como facilita la conciliación de la vida laboral y familiar».

Pero qué me estás contando.

Primero, analicemos lo que significa este cambio. Dejamos el horario de verano para todo el invierno, es decir, el País Valenciano y Baleares (y las que se quieran sumar, total, seguro que alguna más lo hace) se quedan con el horario UTC +2. ¿Qué quiere decir UTC +2? Que va dos horas por delante del tiempo universal, el de Greenwich (Londres). Si tenemos en cuenta que el meridiano de Greenwich pasa por ciudades como Castellón de la Plana, Denia y Altea, podemos concluir que el País Valenciano acabaría teniendo un desfase sobre la hora solar de dos horas en invierno (como ya lo tiene en verano). El mediodía será, por lo tanto, alrededor de las 14:00, a las dos de la tarde.

Esto, que no es demasiado problemático en verano, en invierno puede serlo un poco más. Porque no hemos de perder de vista que en invierno los días son bastante más cortos, así que todas las horas de luz que tengas por la tarde no las tendrás por la mañana, y al revés.

Muchos defensores de mantener el horario de verano aseguran que es mejor tener las horas de luz por la tarde, para poder salir a la calle y tomarte una cervecita al fresco. Olvidan un pequeño detalle, que parece estúpido y evidente pero no lo es tanto: mantener el horario de verano no significa mantener el tiempo que hace en verano. Y con la lluvia y el frío no veo que te vengan muchas ganas de estar 'al fresco'.

Y como he comentado, las horas de luz que tengas por la tarde no las tendrás por la mañana. Mantener UTC+2 significa que a finales de diciembre, a las nueve de la mañana estará amaneciendo (la salida del sol será a las 9:22 el día del solsticio). Esto implica que la mayoría de la gente que trabaja en oficinas tendrá que ir a trabajar de noche. La falta de luz provoca accidentes de tráfico. Por otro lado, comenzar el horario de oficina cuando aún es de noche conlleva un mayor gasto energético. ¿Merece la pena tener más luz por la tarde a cambio de esto?

Afirman en la declaración del parlamento balear que el horario de invierno y tener luz por la mañana obedece a decisiones políticas de carácter industrial. Es cierto que industria no hay mucha en las Baleares, porque si hubiera, sabrían que los trabajadores industriales (yo lo soy) trabajamos a turnos y cubrimos todo el día. Tener luz por la mañana es conveniente para la cantidad de gente que trabaja en el sector servicios, que salvo excepciones como la hostelería, trabaja en su mayoría en horario de oficina.

Dicen que se tiene que adaptar la luz al tiempo de ocio y que potencia el turismo. Veo una ligera contradicción entre los dos argumentos. Dejemos a un lado la destrucción ambiental que supone el turismo que se está fomentando en el País Valenciano (en las Baleares es aún peor), y pensemos que queremos potenciar el turismo; mantenemos el horario de verano. Esto hará que más gente se emplee en el sector del turismo, y por tanto... que más gente trabaje atendiendo el turismo, es decir, por la tarde. ¿Cómo se supone que este nuevo horario se adapta al ocio? ¿O es que quieren decir al ocio de los turistas, que ya tienen todo el día libre?

Y, por último, hablan de conciliar la vida familiar y laboral. ¿Se puede conciliar la vida familiar y laboral, si los trabajadores del turismo acabarán de trabajar una hora más tarde gracias a esta hora más de luz que se les añade por la tarde? ¿Estamos teniendo en cuenta otras circunstancias como que, si se mantiene el horario de verano, el prime time televisivo acabará a la 1:30 de la madrugada? ¿Quién llevará a los niños al colegio a las ocho de la mañana? Sabiendo que los niños salen de la escuela a las dos o tres de la tarde, que es cuando muchos trabajadores del turismo comienzan turno, ¿cómo pueden conciliar "la vida familiar y laboral" si no ven a sus hijos casi nunca?

En definitiva: están volviendo a pensar por nosotros y, lo peor, es que incluso los partidos de izquierda se lo han tragado por completo. ¿Cómo pueden Compromís o Més per Menorca apoyar esto? Esta medida perjudica gravemente a la clase trabajadora, por cuanto precariza sus condiciones laborales. ¿Beneficia a los turistas? Pues si hace buen tiempo (que ya es suponer mucho) sí, pero como todo, hacer turismo no es gratis, así que ya sabemos quiénes son los que más turismo hacen.

¿Nos conviene mantener el horario de verano? Rotundamente no. Lo que deberíamos hacer es volver al horario que nos corresponde según el sol: el de Greenwich. ¿No se supone que el mediodía debe ser a las 12?

No quiero acabar sin destacar una cosa: en las declaraciones institucionales balear y valenciana, hablan del error de Franco de alinear el Estado con el horario de Berlín, en lugar de hacerlo con el de Londres. Lo que proponen para arreglarlo, es establecer la hora de Atenas. Os felicito.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Las elecciones gallegas y el inaceptable desprecio a la masa

El domingo pasado se celebraron las elecciones burguesas en dos comunidades autónomas del Estado: en el País Vasco y en Galicia. Y así, como resumen general, no ha habido grandes sorpresas. En el País Vasco los resultados apenas han variado, y en Galicia aún menos.

Los resultados en Galicia han sido, sin embargo, los que más polvo han levantado. Mayoría absoluta del Partido Popular. Después de años de escándalos de corrupción, han vuelto a sacar mayoría absoluta.

Esto, hasta cierto punto, era previsible. Vale, es frustrante que la gente siga votando en masa a una trama de corrupción demostrada y varias veces condenada, pero no vamos a sorprendernos ahora de que los resultados sean estos, ¿no? Que no hemos nacido ayer. Por favor, pero si hace tres meses tuvimos elecciones estatales y el PP subió en votos en lugar de bajar.

De lo que vengo a quejarme no es de que el Partido Popular haya sacado mayoría absoluta, sino de la reacción posterior de la supuesta izquierda, que corrió en masa a insultar a las masas trabajadoras gallegas con los más lindos adjetivos. Que si estómagos agradecidos, que si ignorantes y calificativos peores. Leyéndolos, poco menos que parece que Galicia es un pozo oscuro donde al trabajador le gusta que lo maltraten, lo exploten y se rían de él.

Que esto lo haga la izquierda burguesa progre, mira, pues tampoco me extraña. Al fin y al cabo llevan décadas con ese elitismo intelectual que desprecia al que no se adhiere a sus dogmas equidistantes donde no hay ni burguesía, ni proletariado, ni nada de eso, y todos seremos felices siguiendo a Keynes y apoyando a la pequeña burguesía los emprendedores sin soviets ni esas cosas totalitarias.

Lo que no me parece correcto es que esto lo haga gente que se autodenomina comunista o incluso marxista. ¿Es que de repente vamos a ignorar todos los condicionantes que existen en la sociedad? ¿Todos los factores externos que influyen en la situación real de la clase trabajadora gallega?

Esta visión, disculpad que os diga, es antidialéctica (y por tanto antimarxista). No puede analizarse correctamente la clase trabajadora gallega si se ignora el continuo bombardeo mediático con ideas burguesas y conservadoras, las relaciones de poder en el entorno rural (y el urbano, muchas veces), y... lo más importante, la ausencia de un discurso alternativo que consiga convencer o al menos llegar (y si no la ausencia, al menos su poca fuerza).

Que la ideología burguesa está por todos lados es un hecho. Que puedes encontrar ideologías alternativas, también lo es. Pero a quien no le han llegado o no lo han convencido, no podemos culparlo. La posición de “la información está al alcance de todos”, para culpar al que no la busca, es tremendamente liberal e individualista. No conocemos las circunstancias de todas estas personas que siguen apoyando con su voto a lo más corrupto y reaccionario de los partidos burgueses. Estas personas se encuentran en una situación de alienación, y culparlas por ello es injusto y contrarrevolucionario.

Despreciar a las masas por su alienación no solo es una falta de respeto, sino una tremenda incoherencia para un marxista. No aspiramos a decidir lo que es mejor para las masas sin tenerlas en cuenta, sino a que ellas mismas sean conscientes de sus intereses objetivos. No es nuestra meta romperle las cadenas a nadie, sino que cada uno sea capaz de romper sus cadenas, y que lo hagamos todos a la vez. Y por esto, no nos podemos mantener al margen ante la alienación. La labor de un marxista es hacer didáctica. Es abrir los ojos a la clase trabajadora, es difundir la formación y las ideas que liberarán a nuestra clase de sus cadenas.

En fin, que la clase trabajadora gallega serán, en una alta proporción, esclavos que votan a los amos, ciertamente. Pero no somos nadie para juzgarlos por eso. Nuestra labor es hacerlos ver que entre todos nos libraremos de ellos. Al fin y al cabo, nosotros también somos esclavos, votemos a quien votemos. Somos esclavos del trabajo asalariado. Y solo llegaremos a algo si nos unimos todos, los que los votan a ellos y los que no lo hacemos, porque hacen tanta falta como la hacemos nosotros.

Pensar como individuos es un vicio burgués. ¿Es que no lo hemos aprendido ya?

miércoles, 23 de marzo de 2016

Huelga «para no perder privilegios»

Que la clase obrera ha perdido gran parte de su conciencia, de esa conciencia que nos permitió conseguir los pocos derechos laborales que tenemos, es un hecho que todos conocemos.

Sin embargo, esto se hace muy evidente, muy obvio, cada vez que estalla algún conflicto entre trabajadores y empresarios. Cada vez que los trabajadores de alguna empresa se ven obligados a recurrir a la huelga, tenemos que escuchar siempre lo mismo.

Recordemos un detalle, de vital importancia: nadie hace una huelga por gusto. Las huelgas no se hacen por diversión, no son un entretenimiento. Son la explosión de una situación laboral insostenible. Los días de huelga no se cobran y, en muchas empresas, el trabajador que hace huelga se enfrenta a represalias laborales o acoso.

Aun con esto, cada vez que nos enteramos de que algún colectivo está haciendo huelga siempre tenemos que oír al típico obrero alienado criticando a los huelguistas. Que si viven muy bien, que si son unos vagos, que si tienen muchos privilegios. Los oyes y parece que estás oyendo a un empresario, aunque el que habla sea un muerto de hambre.

Es una de las grandes victorias burguesas sobre los trabajadores: conseguir que asumamos su sistema de valores y que, antes de enterarnos y juzgar las causas de las malas condiciones laborales, criminalicemos y juzguemos a los trabajadores que las sufren y han decidido movilizarse para obtener mejoras.

Hacen huelga con lo bien que viven. Si viven bien o no, quienes tienen que decidirlo son ellos. Ellos son quienes tienen que ir cada día a trabajar, quienes saben con lo que se encuentran y el esfuerzo que les supone hacerlo. No, ni tú ni yo podemos juzgar si viven bien o no.

Hacen huelga porque son unos vagos. Como he dicho más arriba, nadie hace huelga por gusto. Nadie convoca una huelga porque así tiene un día de vacaciones. Precisamente porque la huelga no es para quedarse en casa descansando sino para protestar, para ir a concentraciones, a manifestaciones. E incluso aunque te quedaras en casa, es un día menos de salario que vas a cobrar a fin de mes, un día menos de paga extra, un día menos de cotización. Poca, muy poca gente pasaría por todo eso solo por vagancia.

Hacen huelga porque se lo pueden permitir. Uno de los grandes males de la clase trabajadora: ver que alguien hace huelga y asumir que lo hace porque le sobra el dinero. La gran mayoría de las veces es al contrario: aquel al que le sobra el dinero no suele ver problema en que le empeoren las condiciones laborales. Al contrario, el que decide hacer huelga no es porque le sobre, sino porque sabe que este sacrificio puede conllevar un bien mayor: unas mejores condiciones de trabajo.

Hacen huelga para no perder sus privilegios. El peor ataque de todos: el ver a los trabajadores como privilegiados. Los trabajadores son los creadores de la riqueza. Ningún capitalista podría ganar dinero, aumentar su capital, si no existieran trabajadores que trabajaran para él, es decir, a los que extraerles parte de su trabajo. Considerar que la parte esencial del proceso de producción tiene privilegios es, cuanto menos, clasista, por no decir directamente ofensivo. Un trabajador no tiene privilegios: tiene derechos adquiridos y consolidados mediante la lucha obrera y la negociación. ¿Te parecen privilegios porque tú tienes peores condiciones laborales? Quizá deberías plantearte si precisamente tienen esos privilegios porque se los han currado mediante movilizaciones y acciones colectivas. ¿O es que esperabas que te recompensaran por estar calladito y decir que sí a todo?

Recientemente hemos visto esto en la huelga de la empresa de basuras de Málaga, LIMASA. Dejando aparte la intoxicación de los medios (medios controlados por burgueses, al fin y al cabo), nos hemos encontrado en redes sociales con miles de trabajadores, de gente que no tiene donde caerse muerta, criticando a los trabajadores de LIMASA por su huelga. Esos mismos críticos en ningún momento se han parado a mirar los beneficios que FCC extrae de LIMASA, por ejemplo, ni las condiciones de los directivos. Han ido directamente a atacar y criticar a los trabajadores.

Como diría Alberto Garzón, ¿quién está pensando por ellos? Aunque ya todos sabemos la respuesta. Esta falta de conciencia de clase es la que tenemos que superar para conseguir empoderar al proletariado.

Aquí la única verdad es que los trabajadores de LIMASA, como todos los huelguistas, son unos valientes. Mujeres y hombres que se han hartado de tener unas condiciones penosas y precarias cuando son el elemento esencial de la empresa y de sus servicios. Y si te parece que sus condiciones no son penosas y precarias... permíteme decirte que los únicos que deben juzgar eso son ellos, no tú ni yo, ni cualquier otro observador.

La lucha de los trabajadores de LIMASA y la nuestra como clase trabajadora es la misma, y el único camino es la solidaridad obrera.

jueves, 14 de enero de 2016

El nacionalismo no puede ser de izquierda

El nacionalismo no puede ser de izquierda.

¿Cuántas veces habéis oído esta frase?

Tiene mil variantes:
- El nacionalismo no puede ser socialista.
- Un socialista/comunista/marxista no puede ser nacionalista.
- El nacionalismo es burgués.

Esta última frase es la que contiene la idea principal y la que ha servido de referente para crear toda una serie de prejuicios acerca de lo que es el nacionalismo.

Cuando hablamos de nacionalismo, al menos aquí en Andalucía, ¿qué nos viene a la mente? Si nos vamos a la calle y le preguntamos a cualquiera, lo primero que todos te responderán seguramente sea eso de los vascos y catalanes que no quieren ser españoles. Si los haces elaborar más, el que sea capaz (que por desgracia no son muchos), te hablará de Sabino Arana o de Jordi Pujol. Arana es conocido por sus postulados racistas y ultraconservadores, y a Pujol se le asocian ciertas actitudes xenófobas que, si bien pueden no ser del todo representativas de su ideología y política, desde luego son las que más han trascendido (sus declaraciones de 1958 hablando sobre los andaluces son convenientemente recordadas cada cierto tiempo por la prensa española para desacreditarlo, aunque podríamos hablar de ellas en otro momento porque dan para una reflexión aparte).

Para quien esté algo más leído, nacionalismo no solo es eso, sino que también lo asociará con los movimientos de ultraderecha de los años 20, 30 y 40. No en vano, Hitler, Mussolini y Franco encabezaban ideologías nacionalistas. De ultraderecha, pero fundamentadas en una idea de nación y por lo tanto nacionalistas.

En definitiva, todo esto nos lleva de nuevo a que el nacionalismo es burgués. Pero pasamos por alto algo: decimos que el nacionalismo es burgués porque la idea que tenemos de nacionalismo es, precisamente, el nacionalismo burgués. Ahora, teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad dirigida y organizada por burgueses y para burgueses, no debería extrañarnos esto.

Y ahora me dirijo a la izquierda española no capitalista, quien es mayoritariamente la que asegura la frase con la que encabezo el artículo (y sus versiones). Todos tenemos muy claro que vivimos imbuidos de una ideología hegemónica burguesa en cuestiones como la economía o la política. De hecho se supone que nuestro objetivo es sustituir este sistema parlamentario partidista, netamente burgués, por una democracia directa, más representativa. Se supone que estamos en guardia frente a actitudes burguesas de la vida cotidiana y que no nos conformamos con los cuentos de «habéis vivido por encima de vuestras posibilidades» o «para salir de la crisis hace falta recordar». Todas esas patrañas burguesas no nos las tragamos.


Viñeta de Manel Fontdevila. Otro día hablamos sobre ella, porque da para mucho


Sin embargo, la de dejar que la burguesía nos cuente lo que es el nacionalismo, sí, esa estamos encantados de tragárnosla. Hemos partido de la premisa marxista de que los marxistas somos internacionalistas (que lo somos, por supuesto) y hemos dejado que la burguesía la interprete para repetirla nosotros como ovejas. El marxista no puede ser separatista porque el marxismo es internacionalista. En ese caso, ¿por qué no veo a todos esos marxistas exigiendo la unión inmediata de España con Portugal, Francia, Marruecos y todos los demás países del mundo? Si lo primero es el internacionalismo, vamos a empezar por ahí.

«El separatismo beneficia a la burguesía», otra «verdad» que solo lo es porque se ha repetido mil veces. A esto ya respondió Lenin, incluso:

Se nos dice: apoyando el derecho a la separación, apoyáis el nacionalismo burgués de las naciones oprimidas. ¡Esto es lo que dice Rosa Luxemburgo y lo que tras ella repite el oportunista Semkovski, único representante, por cierto, de las ideas de los liquidadores sobre este problema en el periódico de los liquidadores!
Nosotros contestamos: no, precisamente a la burguesía es a quien le importa aquí una solución "práctica", mientras que a los obreros les importa la separación en principio de dos tendencias. Por cuanto la burguesía de una nación oprimida lucha contra la opresora, nosotros estamos siempre, en todos los casos y con más decisión que nadie, a favor, ya que somos los enemigos más intrépidos y consecuentes de la opresión. Por cuanto la burguesía de la nación oprimida está a favor de su nacionalismo burgués, nosotros estamos en contra. Lucha contra los priviliegios y violencias de la nación opresora y ninguna tolerancia con el afán de privilegios de la nación oprimida.
Si no lanzamos ni propugnamos en la agitación la consigna del derecho a la separación, favorecemos no sólo a la burguesía, sino a los feudales y el absolutismo de la nación opresora. Hace tiempo que Kautsky empleó este argumento contra Rosa Luxemburgo, y el argumento es irrefutable. En su temor de "ayudar" a la burguesía nacionalista de Polonia, Rosa Luxemburgo niega el derecho a la separación en el programa de los marxistas de Rusia, y a quien ayuda, en realidad, es a los rusos ultrarreaccionarios. Ayuda, en realidad, al conformismo oportunista con los privilegios (y con cosas peores que los privilegios) de los rusos.

En fin, que como explico, por supuesto que el nacionalismo puede ser de izquierda. Claro que, en ese caso, no tiene los mismos principios que el nacionalismo burgués. Y quizá el problema venga del uso del término, quizá deberíamos tener un término diferente para la ideología nacionalista de izquierda. Hay quien ha usado soberanismo, que no me parece mal, pero no soy ningún experto.

Nuestro nacionalismo es de izquierda, es socialista, porque no tiene una perspectiva interclasista. Reconoce la lucha de clases como motor de la historia. Pero, partiendo de un análisis materialista, dado que las condiciones sociales y económicas no son iguales en todos los lugares, el camino al socialismo no puede emprenderse en todos los lugares por igual. Un obrero no sufre las mismas circunstancias externas en Sevilla o en Lugo. Los nacionalistas de izquierda reconocemos esa singularidad cultural y obramos en consecuencia.

Esto no nos quita ni un ápice de internacionalismo. Tenemos en cuenta que un jornalero o un obrero en Cádiz es igual de esclavo que un jornalero o un obrero en Barcelona, en Faro o en cualquier pueblo del Congo, y que en última instancia tenemos que llegar a la liberación colectiva de todos. Pero la clase obrera de cada nación debe seguir sus propios pasos porque solo ellos podrán identificar cuáles hay que seguir.

Al fin y al cabo, para nosotros la nación no es un fin: es un medio. El fin es la desaparición de las clases sociales y finalmente de los estados. La nación solo es un instrumento que nos debe servir para llegar al fin.

jueves, 17 de diciembre de 2015

El voto útil

Cada vez que se acercan unas elecciones y nos metemos en campaña, vuelven a asaltarnos unos y otros con la llamada al voto útil. Vota a este que tu voto será útil; no votes a este otro que no sirve para nada.

Mucha, mucha gente se deja llevar por esta cuestión. No votes a este partido porque no va a salir. Ya, no va a salir. No va a salir, entre otras cosas, porque mucha gente ha pensado lo mismo y le ha dado su voto al "más útil".

Pero ¿realmente esta gente ha pensado lo que significa dar tu voto a otro partido porque "es más útil"?

Con este modelo de democracia burguesa (además, bastante deficiente) en el que vivimos, tu voto significa apoyar el discurso y el programa de un partido, coalición o agrupación electoral concreta. Solo puedes elegir a uno una vez cada cuatro años, eso es todo lo que importamos en este sistema. ¿No crees que tu voto, algo que tan pocas veces podemos ejercer, debería estar determinado por algo más que "este no va a salir"?

Este domingo nos enfrentamos a una de las elecciones de resultado más incierto desde hace décadas. Yo estuve dudando, pero al final he decidido mi voto.

Mi voto será para Unidad Popular-Izquierda Unida.

Sí, yo también me he planteado votar a Podemos porque es el "voto útil". Pero ¿realmente quiero votar a Podemos?

¿Quiero votar a un partido que dice que el debate entre monarquía y república no interesa? ¿Que no quiere tocar los colegios concertados? ¿Que está a favor de la OTAN? Y, sobre todo, ¿quiero votar a un partido cuyo cabeza de lista, Sergio Pascual, dice estas cosas? (en el desprecio a Venezuela de la última frase ni siquiera quiero entrar).

No, no quiero. Otros sí querrán, o les dará igual, pero a mí no. Yo quiero que mi voto sea para quien no le da miedo defender a la clase obrera y denunciar el imperialismo, para quien no oculta sus ideas por miedo a perder votos, para quien no se anda con ambigüedades solo por captar votos de centro, para quien no tiene problemas en hablar de lucha de clases.

Sé que con el sistema electoral actual puede que mi voto no sea suficiente para que Unidad Popular saque un diputado por mi provincia, pero desde luego si no se lo doy estoy ayudando a que no salgan. Y quiero tener la conciencia tranquila de que he hecho lo posible, y no pensar que he votado a alguien que ya de primeras me está diciendo que no quiere tocar ciertos temas. Si pido 10 me van a dar 5, si pido 3 ¿cuánto me van a dar?

(Eso por no entrar en que realmente todo voto es útil. Aunque no saque diputado por mi circunscripción, un voto a UP puede ayudar a que tengan grupo parlamentario propio, pues para eso todos los votos cuentan).

Me vienen con que si Izquierda Unida es un partido antiguo, viciado, que si son vieja política... Izquierda Unida tiene un pasado. Ha cometido errores, ha hecho cosas mal. Como todos. Pero también ha hecho muchas cosas bien.

Así que para mí, mi voto útil será el que me permite dormir tranquilo y tener la seguridad de que he hecho lo que está en mi mano para defender a los de mi clase. Mi voto útil será rojo, votaré a un compañero comunista, Alberto Garzón, y a otro compañero comunista que encabeza la lista por Sevilla, Miguel Ángel Bustamante, al que espero ver pronto en el Congreso de los Diputados.

Porque ninguna campaña hasta ahora me había ilusionado como esta, porque ningún candidato me había hecho defenderlo con tantas ganas.


PD: No quiero olvidarme de añadir una cosa. Que no se me malinterprete. Estoy contento de que Podemos haya crecido y represente una alternativa de gobierno a los demás partidos. Y espero que saquen muchos escaños. Hace falta un partido socialdemócrata, visto que el PSOE había abandonado esa postura hace tiempo. No deseo nada malo para Podemos, al revés, deseo que crezca y se asiente, que cree hegemonía de izquierda. Simplemente prefiero dar mi voto a UP-IU por los motivos que ya he expuesto. Lo malo ya se lo deseo, como partido, a los que están más a la derecha, que han demostrado a quién defienden, y no es a la clase obrera.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Con el muro vivíamos mejor

Hoy se cumplen 26 años de la caída del Muro de protección antifascista, el comúnmente llamado muro de Berlín.

Crecí en una sociedad capitalista, de un Estado perteneciente a la OTAN, así que crecí con esa idea repetida por todos los medios de que el muro era una cosa abominable porque “separaba a la gente”. Y de hecho, aunque no tengo un recuerdo nítido, sí recuerdo aquel 9 de noviembre de 1989 haber visto por televisión cómo derribaban el muro. Parecía algo emocionante y todo el mundo lo celebraba.

Sin embargo, luego uno crece, lee, y aprende mucho más sobre el muro, cosas que no te contaban los medios capitalistas en 1989 y que, por supuesto, no van a contarte hoy, en 2015, cuando el capitalismo da la guerra por ganada.

El muro fue levantado un 13 de agosto de 1961, pero hoy nadie parece darle importancia a todo lo que había pasado antes. La Segunda Guerra Mundial termina en 1945, con el ejército soviético tomando Berlín y los aliados repartiéndose el territorio alemán para decidir posteriormente sobre su futuro. Tras eso vinieron convulsos años de estrategias geopolíticas, entre unos aliados que no terminaban de fiarse los unos de los otros. La Unión Soviética propugnaba una Alemania unida, desmilitarizada y no alineada con ninguna otra potencia. Los tres aliados atlánticos no estaban por la labor, porque temían que un país de ese tipo se inclinaría demasiado hacia el comunismo. De ahí que en 1948 anunciaran la creación de un estado alemán occidental e introdujeran una nueva divisa en sus zonas de ocupación. Esta maniobra culminó con la proclamación de la República Federal Alemana en mayo de 1949, un país regido por carta otorgada (la Constitución no la votó nadie) y que estuvo tutelado por las potencias occidentales hasta 1990.

La Unión Soviética, cuya propuesta fue rechazada por los aliados atlánticos, y tras haber sido víctima de los ataques financieros de estos tres ocupantes, se inclinó por la menos mala de las opciones. Esta opción era convertir su zona de ocupación en un estado socialista, tal y como lo había pedido el pueblo alemán en diversos referendos. El 7 de octubre de 1949 se proclamaba la República Democrática Alemana.

Para 1961 la RDA ya era un estado socialista plenamente funcional. Sin embargo, la situación de Berlín era un problema. Cincuenta mil habitantes de Berlín Este trabajaban en el sector capitalista y creaban riqueza allí, pero vivían en la RDA y demandaban recursos (sanidad, educación, alojamiento) del estado socialista. A esto se le sumaban los trabajadores cualificados que habían recibido una educación gratuita de calidad en la RDA y se marchaban a trabajar al oeste. El muro vino a resolver este problema económico.

Por supuesto que la construcción del muro fue una triste salida a un problema que no debió haber existido. Es cierto que el muro dividió en dos una ciudad y separó familias y amigos. Pero no nos engañemos, si la situación de los años 1950 se hubiese prolongado, Berlín Este y la RDA se habrían arruinado. El Estado socialista que se habían otorgado los alemanes tenía la función de distribuir entre todos la riqueza que creaban entre todos, pero mientras siguiera existiendo esa situación, una parte de esa riqueza se iba a engrosar los bolsillos de los empresarios occidentales. De hecho, después de la construcción del muro, el crecimiento económico de la RDA aumentó considerablemente.

Y, a pesar de lo que nos han contado, el muro no impedía el viaje al oeste. Entre 1977 y 1989, un total de 176.200 alemanes del este viajaron legalmente a la RFA. Asimismo, el gobierno socialista de la RDA otorgaba permisos de emigración a muchos de los solicitantes... y una gran parte luego intentaba volver, sin conseguirlo.

En 1989, por una serie de decisiones que luego muchos lamentarían, el muro de protección antifascista era derribado. Un año después desaparecía formalmente el Estado de obreros y campesinos, la RDA que los alemanes del este se habían construido. Los imperialistas habían ganado la Guerra Fría y se lucraron de manera cuantiosa desmantelando el patrimonio social de la RDA. Y eso nos ha llevado a la situación en la que estamos hoy, en la que los derechos sociales y laborales parecen cortapisas superfluas que impiden el crecimiento y la prosperidad. La prosperidad de los burgueses, por supuesto, pero nos han hecho creer que su prosperidad es la nuestra, mientras buscamos comida en la basura.

¿Con el muro vivíamos mejor? A lo mejor parece una frase algo descabellada. Pero si te paras a pensar en la alternativa, la respuesta parece clara.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Ya está bien de que la televisión me escupa propaganda... capitalista

En las últimas semanas he estado dedicándome a ver algunas películas de la República Democrática Alemana que he podido encontrarme por la web. Principalmente por la curiosidad de saber cómo era la vida que se reflejaba en el cine, sobre todo. He visto tres; por este orden, Coming out (“Saliendo del armario”, 1989), Sieben Sommersprossen (“Siete pecas”, 1978) y Heißer Sommer (“Verano caliente”, 1968).

Aunque no es la intención de este artículo, os cuento por encima de qué va cada una. Coming out es la historia de un profesor de instituto de veintipocos años que, tras reencontrarse con su pasado, no tiene más remedio que aceptar su homosexualidad y enfrentarse a los problemas que esto le causa. Sieben Sommersprossen es una película juvenil sobre una adolescente que va a un campamento de verano y tiene sus primeras interacciones románticas. Y, por último, Heißer Sommer es un musical, donde un grupo de once chavalas y diez chavales se van de vacaciones a una granja cooperativa en el Báltico y se llevan más mal que bien.

AVISO: si pretendes ver las películas no sigas leyendo. Voy a desvelar detalles de la trama.

¿Qué me han parecido? Pues ninguna de las tres me ha parecido una obra maestra del cine, la verdad. Pero han cumplido su función, que para mí era darme más datos sobre la vida que se representaba en el cine en la RDA.

De lo que quiero hablar, sin embargo, es de lo molestas que acaban siendo las reseñas de estas películas. Por supuesto, todas hechas por ciudadanos de países capitalistas en la actualidad, cuya capacidad de situarse en otro tiempo y otro país la tienen bastante atrofiada.

Por poner un ejemplo, entre las reseñas de Coming out en Filmaffinity encontramos a un usuario (un tal Del Mar) que habla de lo terrible que era ser gay en la RDA. Incluso habla del "control de la educación", una alusión al final de la película, en el que al protagonista lo vigilan y amenazan con apartar de su puesto de profesor de instituto en cuanto se hace público que es gay. Este usuario pone el grito en el cielo por la maldad del sistema socialista, que según él, condenaba la homosexualidad. Sin embargo, y hablando claro, parece que este usuario nació ayer. Y lo digo porque este usuario, de España, parece que se ha olvidado de la situación a la que se enfrentaban los homosexuales en España en los años 80. No hay más que ver películas de la época: si aparece algún homosexual, es exclusivamente con la intención de insultarlo o de reírse de él (y, por supuesto, estereotipado al máximo). No hablaremos de la cantidad de gays que había fuera del armario en la España de los años 80, que era irrisoria por el pesado estigma social que sufrían. Pero por supuesto, eso es mejor pasarlo por alto si de lo que se trata es de criticar un país socialista como la RDA.

Otro usuario llamado lisufelligus habla de que la RDA es “antigüa (sic) y tétrica” (¿qué significa que un país es antiguo?) y de que el director tuvo que desafiar a “la terrible Stasi” (¿de dónde habrá sacado que hubo desafío alguno?). Claro que también añade que esto lo sabe porque lo ha visto en La vida de los otros. Eso lo explica todo; a partir de ahora me creeré que la Giralda tiene escaleras porque aparece así en La fortaleza digital de Dan Brown. Como dato adicional, busqué a este usuario en Twitter y encontré que ostentaba un cargo estatal en UPyD, partido que ya sabemos que no se caracteriza por su simpatía hacia la clase obrera. Este usuario también añade que la Stasi negaba que hubiera homosexualidad en la RDA porque era “una lacra del decadente occidente”, dato que tampoco sé de dónde se ha sacado. Opto por pensar que lo habrá visto en alguna otra obra de ficción.

Pero lo que más me irrita es lo que vi en las reseñas de Heißer Sommer. Las hay que indican que la película es mala, que las coreografías son simples o que el argumento es superficial (es un musical alemán sobre unas vacaciones, ¿qué esperas?). Hasta aquí todo correcto, cuestión de gustos. El problema viene cuando los usuarios se empeñan en decir que la película tiene mucha propaganda porque los protagonistas se van a una granja cooperativa, por ejemplo, o porque hay un personaje que estudia derecho y a veces les recuerda a los demás lo que no deben hacer. Me parece una absoluta muestra de ignorancia asegurar que detalles como esos son propaganda. Y es una ignorancia interesada, basada en esa creencia capitalista de que el capitalismo es “la manera de ser humana”, por lo cual todo lo que sea diferente debe de ser una sucia maniobra del gobierno. No son capaces de entender que hay detalles que, por extraños que parezcan al ojo capitalista, en un país socialista forman parte de la sociedad y de la vida diaria y se asumen con naturalidad.

Esta cantinela de la propaganda se repite a todo lo largo y ancho de Internet siempre que algún usuario comenta algún producto cultural de masas de un país socialista.

Lo último que me he encontrado ha sido hoy, cuando he visto en Youtube que hay capítulos de la serie norcoreana de dibujos animados Ardilla y erizo. El argumento es el mismo que puede haber en otros miles de series infantiles (a lo mejor las actuales no, pero las que había cuando yo era niño sí): las ardillas, los erizos y los gansos tienen que colaborar para evitar que las comadrejas, los ratones y los lobos invadan su tierra, la Colina de la flor. Si esta serie la hubieran dibujado en el Reino Unido, en Japón o en Alemania, sería una serie de dibujos sin más y nadie le haría segundas lecturas. Pero, ay, es una serie norcoreana, así que obligatoriamente debe de tener un doble sentido, propagandístico y muy malvado. Y entonces estos usuarios de Internet debaten sobre si las comadrejas y los ratones son los japoneses o los surcoreanos (todos están de acuerdo en que los lobos son los Estados Unidos), y no se aclaran sobre si los gansos son los chinos o representan a la Armada norcoreana. Tampoco parecen llegar a consenso sobre si la serie representa la situación actual o la invasión japonesa de principios del siglo XX. Pero ellos se divierten elaborando teorías conspiranoicas sobre la supuesta propaganda de esta serie.

Que, además, todo el mundo destaca que debe de haber propaganda porque los protagonistas van vestidos de soldados. También eran soldados los G.I. Joe y nunca oí que fueran propaganda imperialista (lo cual no sería para nada descabellado).

Y es que nos tienen muy bien enseñados para que veamos la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. Porque si hacemos el mismo ejercicio, y analizamos los dibujos de nuestra infancia desde una óptica socialista, los encontraremos llenos, llenos de propaganda. ¿Alguien recuerda Los chicos de Beverly Hills, que eran los más guays porque estaban forrados y hacían lo que les daba la gana? (excepto currar, claro, que de eso poco). Es solo un ejemplo, pero casi todas las series juveniles e infantiles (de animación o no) se basan en premisas que tenemos muy asumidas, como que hay que ser popular y exitoso, y si no lo consigues eres un fracasado.

Salgamos de los dibujos animados y echemos un vistazo al cine y a las series de televisión. La aplastante mayoría de las series y películas que se hacen hoy en día en nuestras sociedades capitalistas están impregnadas por los valores capitalistas. En todas se veneran el dinero, la fama, la superficialidad, el lujo, y en muy pocas se da valor al trabajo o a la cooperación. ¿No es esto propaganda del individualismo y la posmodernidad?

En fin, me ralla muchísimo este doble rasero y esta continua demonización del socialismo. Que sí, que es lógico porque el socialismo sería el fin de la buena vida de la burguesía. Pero me ralla que nos lo hagan tragar de esta manera y, salvo excepciones, ni nos demos cuenta. Todo acaba estando, por supuesto, bien orquestado desde arriba para que tengamos muy claro que el socialismo es malo y lava el cerebro a sus ciudadanos. No como nosotros, súbditos capitalistas, que somos totalmente libres para hacer y pensar lo que queramos... siempre que lo hagamos individualmente y sin ruido.