domingo, 5 de marzo de 2017

La hegemonía y el impuesto de sucesiones

¿Sabéis lo que es la hegemonía?

Os lo voy a explicar con un ejemplo de actualidad.

Últimamente veo a mucha gente en redes sociales (y a veces en la vida tangible) quejarse y protestar contra el impuesto de sucesiones vigente en Andalucía.

Esta gente que se queja es de lo más variopinto. Oscilan desde gente muy bien posicionada, hasta verdaderos muertos de hambre (sin ánimo de sonar despectivo. Bueno, o sí, que suene despectivo. Ahora entenderéis por qué). La cuestión es que está de moda criticar el impuesto de sucesiones, porque es un robo, porque es injusto, porque pobrecita la gente que tiene que heredar, o no sé qué otras locuras he leído.

Esta gente que está en contra del impuesto de sucesiones normalmente siempre dice lo mismo: es injusto que tenga que pagar para recibir una herencia. Lo han dicho tanto que ya es como un dogma. ¿Realmente es injusto?

Lo primero: no, no es injusto pagar por recibir una herencia. ¿Por qué va a serlo? Es que mis padres han trabajado tanto para que ahora el Estado se quede una parte. Pues en primer lugar, exacto, han trabajado tus padres, no tú, que eres quien va a quedarse la herencia y quien va a disfrutarla ahora.

Es que al final los que heredan acaban teniendo que renunciar a la herencia porque no pueden pagar tanto. ¿De verdad? La cifra de renuncia a las herencias en Andalucía se encuentra alrededor del 10% y, sinceramente, pensar que son todas por no poder pagar el impuesto es ser ignorante cuanto menos. ¿O no es mucho más plausible que la mayoría de las renuncias se produjeran porque la herencia consiste en deudas e hipotecas, como indica el máximo representante de los notarios? No, seguro que es por el impuesto.

Es que mis padres solo me dejan su casa y encima tengo que pagar por eso. En la mayoría de los casos, esto es mentira. La vivienda habitual está exenta si su valor es menor a 123.000 euros, y si es mayor, llega a estar exenta hasta en el 95% si supera los 242.000 €. Además hay otros factores diversos de reducción del impuesto. Más información, que veo que hace falta.

En total, más de un 80% de las herencias no tuvieron que pagar impuesto, y en el caso de padres a hijos, solo tuvo que hacerlo el 3%. No hablamos de la población, sino del total de las herencias. Recordad que hay mucha gente que no deja nada en herencia porque no tiene patrimonio. ¿Qué os parece? ¿De verdad os pensáis que va a ser vuestro caso, que vais a heredar tanto como para tener que pagar?

Resumen: tenemos a un ejército de pobrecitos que defienden que no haya que pagar un impuesto que ellos nunca tendrán que pagar. Este es un impuesto que grava las transmisiones de grandes patrimonios... seguramente, el tuyo no. Pero puedes seguir defendiendo que los ricachones no paguen su impuesto. Ahora, entiende que, si quitamos ese impuesto, luego no haya dinerito para los hospitales, los colegios, las carreteras... salvo que quieras pagarte tú mismx todo eso.

¿A quién le interesa que este ejército de pobrecitos defienda que se elimine el impuesto? Obviamente, a los que tienen que pagarlo, porque les están haciendo un favorazo.

Los que tienen que pagarlo, las personas de mayor poder adquisitivo, la gran burguesía, han conseguido que todos estos muertos de hambre (sí, lo digo con desprecio, y me lo permito porque soy uno de ellos) quieran eximirlos de pagar. Han conseguido que estos muertos de hambre (que no tendrán que pagar este impuesto pero necesitarán utilizar los servicios públicos) defiendan los intereses de los burgueses en detrimento de los suyos propios.

ESTO ES HEGEMONÍA. Una vez más, los burgueses piensan por nosotros. Y les sale bien, oye, les seguirá saliendo bien hasta que nos dé la gana de abrir los ojos.

Para más información, leed el blog de Rafa Sanz, un portento del derecho tributario al que sigo en Twitter (y al que ustedes deberíais seguir). Él lo explica mucho mejor que yo.

lunes, 6 de febrero de 2017

Huelgas y salarios en medios de comunicación

La lección de lucha de clases de hoy es inspirada por el Profe Rojo (aquí su Twitter).

Ya sabéis que el último recurso de los trabajadores para ejercer presión ante sus patronos es la huelga, a la que se recurre cuando se quiere reclamar una mejora o no se acepta un empeoramiento de las condiciones de trabajo, y además las otras vías de negociación han fracasado, o el patrono no se aviene a negociar.

La huelga es una de las expresiones más claras de la lucha de clases. La clase burguesa, los patronos, intentan salvaguardar sus intereses (mantener o aumentar la plusvalía, es decir, el beneficio que extraen de los trabajadores). La clase trabajadora, por otro lado, lucha por los suyos, que dependiendo del conflicto, pueden consistir bien en reducir la plusvalía o en mejorar sus condiciones de trabajo, por ejemplo.

Precisamente como expresión de la lucha de clases, en la huelga no solo entran en juego las dos clases enfrentadas dentro de esa empresa o de ese sector, sino también de fuera. Y aquí desempeñan un papel fundamental los medios de comunicación que, no olvidemos, también están dirigidos por la clase burguesa.

¿Qué hacen siempre los medios de comunicación? Unos de manera más evidente y otros de manera más velada, siempre dan una imagen de la huelga que beneficia a los patronos, a la clase burguesa. Lo hacen por diversas vías, pero una de ellas, de la que hablaremos hoy, es la de publicar los salarios brutos anuales de los trabajadores. Como ejemplos, lo hicieron con la huelga de limpieza de Málaga (LIMASA) y lo hicieron con la huelga de los transportes de Barcelona (TMB), ambas en 2016.

No nos viene de nuevas que aquellos sectores o empresas con una representación colectiva más fuerte y una lucha obrera más viva suelen ser también aquellos donde las condiciones de trabajo son mejores y los sueldos son más altos. Esto lo aprovechan los burgueses para dividir a la clase obrera, presentando a los trabajadores en lucha (a los huelguistas) como unos privilegiados, intentando que los demás trabajadores no se sientan identificados con ellos y evitando así la solidaridad.

Entonces, partimos de una situación en que unos trabajadores en huelga tienen unos salarios que pueden ser más altos que la media (no siempre, pero puede ser así). Veamos ahora la táctica: los medios, en lugar de publicar los salarios netos mensuales (el dinero que el trabajador se lleva a casa), publican los brutos anuales. ¿Por qué?

Porque el espectador no tiene una idea clara de qué significa una cifra de salario bruto anual, requiere unos cálculos lo suficientemente complejos como para que el espectador no estime correctamente el salario neto. Al contrario, lo estimará al alza. Cuando el espectador medio oye una cifra de salario bruto anual, la dividirá por 12 (quizá por 14) y pensará que eso es lo que se lleva el trabajador. Veamos un ejemplo.

Salario bruto anual: 20.000 €

Cálculo rápido: 20.000 / 12 = 1667 €

Segundo cálculo, con 14 pagas: 20.000 / 14 = 1429 €

Cálculo correcto:
Seguridad Social (6,40%) = 1280 €
IRPF (Hacienda, alrededor del 14%) = 2800 €
Bruto mensual 20000 / 14 = 1429 €
Quitando IRPF/14 y SS/12 = 1122 €
Salario neto mensual = 1122 € (paga extra = 1229 €)

Como vemos, la diferencia entre el cálculo rápido del espectador y la realidad, en el caso de un trabajador de 20.000 € al año, puede llegar a más de 500 € de error. Sobre un salario mensual neto de 1122 €. ¿Nos damos cuenta de la gravedad de la manipulación mediática?

En casos de salarios más altos, por ejemplo de 25000 €, estamos ante 2083 € (cálculo rápido del espectador) frente a 1367 € (neto real). Más de 700 € de diferencia.

(Además, para escandalizar más a la audiencia, suelen mencionar los salarios de los trabajadores con más complementos, con más antigüedad, con pluses... aunque muchos cobren por debajo de las cifras que dan).

¿Entendemos ahora por qué las noticias sobre las huelgas las tenemos que poner en cuarentena?

Me he centrado en esta sucia estrategia de manipulación, pero hay más. ¿Qué más te cuentan los medios de comunicación cuando hay una huelga?
  • Las duras consecuencias para los clientes / usuarios / consumidores, sobre todo si están tristes. Si pueden mostrar niños, mejor (como ya hicieron en la última huelga de controladores franceses). De este modo el espectador se siente identificado con las personas que “sufren” las consecuencias de la huelga.
  • Las óptimas condiciones de trabajo de los trabajadores en huelga, que a diferencia de otros sectores u otras empresas, tienen un determinado salario bruto (como hemos visto), tienen X días de vacaciones o descanso, o ciertos beneficios sociales. Con esto, consiguen que el espectador los vea como unos vividores que tienen un trabajo muy bueno, para que así no se solidarice con ellos.
  • La cantidad de bajas que ha habido en la empresa, a menudo sin desglosar los motivos, si son accidentes laborales o no… o simplemente jugando con la falta de criterio comparativo del espectador. Así hacen que el espectador piense que los trabajadores son unos vagos y que la empresa va mal porque éstos no son profesionales.

Lo que, sin embargo, los medios de comunicación no te contarán (o lo harán muy de pasada) los siguientes aspectos:
  • Los salarios de los directivos. Eso no interesa que la gente lo sepa.
  • Las condiciones de trabajo de los directivos. Para qué.
  • Los beneficios que ha tenido o prevé tener la empresa.
  • Los posibles errores en la gestión de la empresa.
  • Las negativas de la directiva en las negociaciones con los trabajadores.
  • El hecho de que el trabajador no cobra su salario los días que hace huelga.

En definitiva, los medios de comunicación siempre ponen el foco en los trabajadores, culpabilizándolos de crear un conflicto, y obviando la responsabilidad de los patronos y los directivos que, recordemos, son siempre la parte fuerte en la confrontación (dado que poseen o gestionan los medios de producción).

La huelga no van a venir a contártela los que están en tu situación. Los tuyos, los trabajadores, no poseen medios de comunicación. Si quieres que los tuyos te cuenten algo sobre una huelga, acércate a ellos y pregúntales. Acércate al comité de empresa o a los convocantes de la huelga. Pero un medio de comunicación, propiedad de burgueses, siempre va a contártelo según su punto de vista. Por mucho que un medio de comunicación se las dé de neutral y objetivo, recuerda que casi siempre es propiedad de un empresario al que le interesa que conozcas la visión del empresario, no le interesa la neutralidad.

La próxima vez que la televisión, la radio o la prensa te quiera hablar de una huelga, tenlo claro: están defendiendo sus intereses, no los tuyos. Están contando lo que les conviene que sepas… no lo que te conviene saber a ti. Y ambas cosas, casi siempre, son completamente opuestas.

martes, 29 de noviembre de 2016

Elecciones: la dictatorial Cuba y la democrática España

El pasado domingo murió el Comandante en Jefe de la revolución cubana, Fidel Castro. Por supuesto, fue el acontecimiento del día, de la semana, y posiblemente del mes, así que las redes sociales y otros medios desfasados como la televisión se llenaron de opiniones (porque información, poca) sobre el compañero Fidel, su legado, su historia, y sobre el sistema político de Cuba.

Por supuesto, la versión oficial, la de los medios burgueses es que Cuba es una dictadura y Fidel fue un dictador. Con la carga negativa que eso conlleva, claro.

¿Cuál es la realidad del sistema político cubano, más allá de propagandas interesadas?

Es cierto que los cubanos no votaron a Fidel Castro, igual que no han votado a Raúl Castro, el actual Presidente del Consejo de Estado y de Ministros. Los cubanos a quienes votan es a su representante en la Asamblea Nacional del Poder Popular, organizada en distritos uninominales. Es decir, cada municipio elige a un solo representante, igual que ocurre en países como el Reino Unido. Los electores, por lo tanto, deben decidir entre las diferentes personas que se presentan a diputado por su municipio.

Después son estos representantes los que, reunidos en la Asamblea, eligen entre todos a un Presidente del Consejo de Estado. El último elegido fue Raúl Castro, en 2013. Volverá a someterse a votación en 2018.
El presidente Castro no solo es elegido por la Asamblea, sino que además no tiene poderes legislativos. Estos poderes son exclusivos de la Asamblea. Castro no puede imponer ninguna ley que la Asamblea no acepte.

¿Es esto un sistema dictatorial? Vamos a hacer una pequeña comparación. En este caso, con la democrática España.

Los electores españoles eligen, por cada una de sus circunscripciones, sus representantes. Las circunscripciones no son uninominales, sino que dependiendo de su población eligen más o menos representantes. Estos se agrupan en listas de partidos, por lo cual los electores deben decidirse entre diferentes listas cerradas de personas.

Sin embargo, en estas listas no aparece quién es el candidato a Presidente del Gobierno. Aparece el nombre y el logotipo de un partido político.

El sentido común lleva a pensar que la aparición de este nombre y este logotipo en la papeleta significa que estos representantes elegidos, cuando llegue el momento de votar un Presidente del Gobierno, votarán al de su mismo partido. Pero no siempre ocurre esto. Puede ocurrir, como se ha visto recientemente, que los representantes de un partido político colaboren con otro para hacer presidente a uno de ellos. Sobre esto, los electores no tienen ningún control, porque además no existe ningún mecanismo legal para obligar a los candidatos a cumplir sus promesas electorales.

Con lo cual, no, en Cuba la gente no votó a Raúl Castro exactamente igual que en España nadie votó a Mariano Rajoy (salvo los electores de Madrid, que lo votaron como diputado, pero nunca como Presidente). El Presidente del Gobierno de España, desde el régimen de 1978, nunca ha sido votado por los electores porque nuestro sistema no es presidencialista.

El sistema cubano y el español para elegir presidente son, como vemos, muy, muy similares. Pero «Cuba es una dictadura y España no».

Los analistas burgueses y sus partidarios defienden que Cuba es una dictadura porque no tiene un sistema multipartidista. De hecho, en muchos casos afirman que en Cuba no existen otros partidos políticos más que el Partido Comunista. Esto es rotundamente falso. En Cuba existen diversos partidos políticos, como el Arco Progresista o el Partido Demócrata Cristiano.

Estos partidos, sin embargo, no pueden presentarse como tales a las elecciones, porque como hemos dicho, a las elecciones se presentan los candidatos. De hecho, ningún partido va a las elecciones, tampoco el Partido Comunista. ¿Esto hace dictatorial a Cuba? Es un tema de debate, desde luego.

En el sistema político cubano, los candidatos se presentan con su nombre y apellidos. No se hace campaña partidista; en todos los colegios electorales se cuelgan sus nombres y sus currículos, para que los electores se acerquen y lean sobre ellos. Cualquier persona ciudadana puede presentarse a la candidatura; para eso debe ser elegida como candidata por su asamblea local, donde toda la vecindad tiene voz y voto.

En el sistema político español, los candidatos van bajo el paraguas de un partido político, que muy a menudo ni siquiera publicita sus nombres. En las campañas se ven colores y siglas, pero poco se sabe de las personas que van a representar a la ciudadanía. Para presentarse a candidato, uno debe integrarse en un partido político y ser designado candidato por este partido. De lo contrario, debe organizar su propia lista, pero esto no es suficiente, pues dicha lista debe conseguir un número determinado de avales para que se le permita presentarse. Dado que la campaña es partidista y muy mediática, las listas o los partidos con pocos recursos económicos no tienen posibilidades de hacerse visibles y, por lo tanto, nunca son elegidos.

Como vemos, el sistema electoral de Cuba ofrece muchas más garantías para la igualdad de oportunidades que el de España. El motivo por el que siguen llamando dictadura a Cuba y democracia a España está muy claro, y es de clase. En España las elecciones las controla quien tiene el poder económico: la clase burguesa, sobre todo la gran burguesía. El reciente escándalo en el interior del PSOE y las presiones de grandes empresas a Pedro Sánchez no son más que una pequeña prueba. Un sistema como el cubano imposibilita ese tipo de control sobre las elecciones.

Así que antes de llamar dictadura a Cuba, o de decir que no tienen elecciones libres, infórmate mejor. Probablemente tengan unas elecciones más libres que cualquiera de las elecciones en las que participarás jamás.

domingo, 30 de octubre de 2016

La izquierda no es cuestión de carnés

Últimamente veo mucha gente poniendo el grito en el cielo porque los acusan de traidores a la clase trabajadora. Se trata de gente que milita en un partido que cree socialista; gente que incluso se considera socialista, pero que no tiene el menor reparo en tildar de radical, peligrosa y populista cualquier idea, iniciativa o política que intente cambiar el estado actual de las cosas para aliviar la opresión de la clase trabajadora y perjudicar a la burguesía.

Ni merece la pena que mencione el estado de alienación en el que vive esta gente, que en su mayoría pertenece a la clase trabajadora pero ha asumido el marco ideológico burgués de una manera tan efectiva que desconfía de todo aquello que lo ponga en duda.

La cuestión es que estas personas militan en un partido (o simpatizan con él) que abusa del discurso de defensa del trabajador. Pero no, amigas y amigos, ser defensor de la clase obrera no es un título honorífico. Lo que venimos en llamar ser de izquierda no es un título para toda la vida, no es un carné que te dan y conservas hasta el fin de tus días. Ese es un gran engaño de la política partidista. Por mucho que hayas defendido en otro momento políticas que favorecen a la clase obrera, si hoy apoyas a quienes la perjudican, no eres de izquierda. Da igual en qué partido militaras en otros tiempos o a quién pagues la cuota ahora —si pagas alguna—.

Si apoyas que todo el mundo pague los mismos impuestos, no eres de izquierda. (Si apoyas que no se paguen impuestos, tampoco lo eres).
Si apoyas a quien recorta el Estado del bienestar, no eres de izquierda.

Y no es por gusto, ni por capricho, sino porque estas tres medidas perjudican a la clase trabajadora de una manera clara y objetiva. Y son solo tres ejemplos.

Ya otro día, si queréis, hablamos de cómo los partidos social-liberales europeos han secuestrado y tergiversado el significado de socialdemocracia.

jueves, 27 de octubre de 2016

¿Saben lo que implicaría mantener el horario de verano?


Esta declaración va en línea con la que ha aprobado el parlamento balear esta semana, con una argumentación que haría llorar a cualquiera con dos dedos de frente.

Aseguran que «la sociedad moderna necesita que las horas de sol se adapten a su tiempo de ocio» y se quedan tan anchos. Pero es que, además, añaden que «supone un ahorro energético, favorece la desestacionalización turística y dinamiza la actividad comercial, así como facilita la conciliación de la vida laboral y familiar».

Pero qué me estás contando.

Primero, analicemos lo que significa este cambio. Dejamos el horario de verano para todo el invierno, es decir, el País Valenciano y Baleares (y las que se quieran sumar, total, seguro que alguna más lo hace) se quedan con el horario UTC +2. ¿Qué quiere decir UTC +2? Que va dos horas por delante del tiempo universal, el de Greenwich (Londres). Si tenemos en cuenta que el meridiano de Greenwich pasa por ciudades como Castellón de la Plana, Denia y Altea, podemos concluir que el País Valenciano acabaría teniendo un desfase sobre la hora solar de dos horas en invierno (como ya lo tiene en verano). El mediodía será, por lo tanto, alrededor de las 14:00, a las dos de la tarde.

Esto, que no es demasiado problemático en verano, en invierno puede serlo un poco más. Porque no hemos de perder de vista que en invierno los días son bastante más cortos, así que todas las horas de luz que tengas por la tarde no las tendrás por la mañana, y al revés.

Muchos defensores de mantener el horario de verano aseguran que es mejor tener las horas de luz por la tarde, para poder salir a la calle y tomarte una cervecita al fresco. Olvidan un pequeño detalle, que parece estúpido y evidente pero no lo es tanto: mantener el horario de verano no significa mantener el tiempo que hace en verano. Y con la lluvia y el frío no veo que te vengan muchas ganas de estar 'al fresco'.

Y como he comentado, las horas de luz que tengas por la tarde no las tendrás por la mañana. Mantener UTC+2 significa que a finales de diciembre, a las nueve de la mañana estará amaneciendo (la salida del sol será a las 9:22 el día del solsticio). Esto implica que la mayoría de la gente que trabaja en oficinas tendrá que ir a trabajar de noche. La falta de luz provoca accidentes de tráfico. Por otro lado, comenzar el horario de oficina cuando aún es de noche conlleva un mayor gasto energético. ¿Merece la pena tener más luz por la tarde a cambio de esto?

Afirman en la declaración del parlamento balear que el horario de invierno y tener luz por la mañana obedece a decisiones políticas de carácter industrial. Es cierto que industria no hay mucha en las Baleares, porque si hubiera, sabrían que los trabajadores industriales (yo lo soy) trabajamos a turnos y cubrimos todo el día. Tener luz por la mañana es conveniente para la cantidad de gente que trabaja en el sector servicios, que salvo excepciones como la hostelería, trabaja en su mayoría en horario de oficina.

Dicen que se tiene que adaptar la luz al tiempo de ocio y que potencia el turismo. Veo una ligera contradicción entre los dos argumentos. Dejemos a un lado la destrucción ambiental que supone el turismo que se está fomentando en el País Valenciano (en las Baleares es aún peor), y pensemos que queremos potenciar el turismo; mantenemos el horario de verano. Esto hará que más gente se emplee en el sector del turismo, y por tanto... que más gente trabaje atendiendo el turismo, es decir, por la tarde. ¿Cómo se supone que este nuevo horario se adapta al ocio? ¿O es que quieren decir al ocio de los turistas, que ya tienen todo el día libre?

Y, por último, hablan de conciliar la vida familiar y laboral. ¿Se puede conciliar la vida familiar y laboral, si los trabajadores del turismo acabarán de trabajar una hora más tarde gracias a esta hora más de luz que se les añade por la tarde? ¿Estamos teniendo en cuenta otras circunstancias como que, si se mantiene el horario de verano, el prime time televisivo acabará a la 1:30 de la madrugada? ¿Quién llevará a los niños al colegio a las ocho de la mañana? Sabiendo que los niños salen de la escuela a las dos o tres de la tarde, que es cuando muchos trabajadores del turismo comienzan turno, ¿cómo pueden conciliar "la vida familiar y laboral" si no ven a sus hijos casi nunca?

En definitiva: están volviendo a pensar por nosotros y, lo peor, es que incluso los partidos de izquierda se lo han tragado por completo. ¿Cómo pueden Compromís o Més per Menorca apoyar esto? Esta medida perjudica gravemente a la clase trabajadora, por cuanto precariza sus condiciones laborales. ¿Beneficia a los turistas? Pues si hace buen tiempo (que ya es suponer mucho) sí, pero como todo, hacer turismo no es gratis, así que ya sabemos quiénes son los que más turismo hacen.

¿Nos conviene mantener el horario de verano? Rotundamente no. Lo que deberíamos hacer es volver al horario que nos corresponde según el sol: el de Greenwich. ¿No se supone que el mediodía debe ser a las 12?

No quiero acabar sin destacar una cosa: en las declaraciones institucionales balear y valenciana, hablan del error de Franco de alinear el Estado con el horario de Berlín, en lugar de hacerlo con el de Londres. Lo que proponen para arreglarlo, es establecer la hora de Atenas. Os felicito.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Las elecciones gallegas y el inaceptable desprecio a la masa

El domingo pasado se celebraron las elecciones burguesas en dos comunidades autónomas del Estado: en el País Vasco y en Galicia. Y así, como resumen general, no ha habido grandes sorpresas. En el País Vasco los resultados apenas han variado, y en Galicia aún menos.

Los resultados en Galicia han sido, sin embargo, los que más polvo han levantado. Mayoría absoluta del Partido Popular. Después de años de escándalos de corrupción, han vuelto a sacar mayoría absoluta.

Esto, hasta cierto punto, era previsible. Vale, es frustrante que la gente siga votando en masa a una trama de corrupción demostrada y varias veces condenada, pero no vamos a sorprendernos ahora de que los resultados sean estos, ¿no? Que no hemos nacido ayer. Por favor, pero si hace tres meses tuvimos elecciones estatales y el PP subió en votos en lugar de bajar.

De lo que vengo a quejarme no es de que el Partido Popular haya sacado mayoría absoluta, sino de la reacción posterior de la supuesta izquierda, que corrió en masa a insultar a las masas trabajadoras gallegas con los más lindos adjetivos. Que si estómagos agradecidos, que si ignorantes y calificativos peores. Leyéndolos, poco menos que parece que Galicia es un pozo oscuro donde al trabajador le gusta que lo maltraten, lo exploten y se rían de él.

Que esto lo haga la izquierda burguesa progre, mira, pues tampoco me extraña. Al fin y al cabo llevan décadas con ese elitismo intelectual que desprecia al que no se adhiere a sus dogmas equidistantes donde no hay ni burguesía, ni proletariado, ni nada de eso, y todos seremos felices siguiendo a Keynes y apoyando a la pequeña burguesía los emprendedores sin soviets ni esas cosas totalitarias.

Lo que no me parece correcto es que esto lo haga gente que se autodenomina comunista o incluso marxista. ¿Es que de repente vamos a ignorar todos los condicionantes que existen en la sociedad? ¿Todos los factores externos que influyen en la situación real de la clase trabajadora gallega?

Esta visión, disculpad que os diga, es antidialéctica (y por tanto antimarxista). No puede analizarse correctamente la clase trabajadora gallega si se ignora el continuo bombardeo mediático con ideas burguesas y conservadoras, las relaciones de poder en el entorno rural (y el urbano, muchas veces), y... lo más importante, la ausencia de un discurso alternativo que consiga convencer o al menos llegar (y si no la ausencia, al menos su poca fuerza).

Que la ideología burguesa está por todos lados es un hecho. Que puedes encontrar ideologías alternativas, también lo es. Pero a quien no le han llegado o no lo han convencido, no podemos culparlo. La posición de “la información está al alcance de todos”, para culpar al que no la busca, es tremendamente liberal e individualista. No conocemos las circunstancias de todas estas personas que siguen apoyando con su voto a lo más corrupto y reaccionario de los partidos burgueses. Estas personas se encuentran en una situación de alienación, y culparlas por ello es injusto y contrarrevolucionario.

Despreciar a las masas por su alienación no solo es una falta de respeto, sino una tremenda incoherencia para un marxista. No aspiramos a decidir lo que es mejor para las masas sin tenerlas en cuenta, sino a que ellas mismas sean conscientes de sus intereses objetivos. No es nuestra meta romperle las cadenas a nadie, sino que cada uno sea capaz de romper sus cadenas, y que lo hagamos todos a la vez. Y por esto, no nos podemos mantener al margen ante la alienación. La labor de un marxista es hacer didáctica. Es abrir los ojos a la clase trabajadora, es difundir la formación y las ideas que liberarán a nuestra clase de sus cadenas.

En fin, que la clase trabajadora gallega serán, en una alta proporción, esclavos que votan a los amos, ciertamente. Pero no somos nadie para juzgarlos por eso. Nuestra labor es hacerlos ver que entre todos nos libraremos de ellos. Al fin y al cabo, nosotros también somos esclavos, votemos a quien votemos. Somos esclavos del trabajo asalariado. Y solo llegaremos a algo si nos unimos todos, los que los votan a ellos y los que no lo hacemos, porque hacen tanta falta como la hacemos nosotros.

Pensar como individuos es un vicio burgués. ¿Es que no lo hemos aprendido ya?

miércoles, 23 de marzo de 2016

Huelga «para no perder privilegios»

Que la clase obrera ha perdido gran parte de su conciencia, de esa conciencia que nos permitió conseguir los pocos derechos laborales que tenemos, es un hecho que todos conocemos.

Sin embargo, esto se hace muy evidente, muy obvio, cada vez que estalla algún conflicto entre trabajadores y empresarios. Cada vez que los trabajadores de alguna empresa se ven obligados a recurrir a la huelga, tenemos que escuchar siempre lo mismo.

Recordemos un detalle, de vital importancia: nadie hace una huelga por gusto. Las huelgas no se hacen por diversión, no son un entretenimiento. Son la explosión de una situación laboral insostenible. Los días de huelga no se cobran y, en muchas empresas, el trabajador que hace huelga se enfrenta a represalias laborales o acoso.

Aun con esto, cada vez que nos enteramos de que algún colectivo está haciendo huelga siempre tenemos que oír al típico obrero alienado criticando a los huelguistas. Que si viven muy bien, que si son unos vagos, que si tienen muchos privilegios. Los oyes y parece que estás oyendo a un empresario, aunque el que habla sea un muerto de hambre.

Es una de las grandes victorias burguesas sobre los trabajadores: conseguir que asumamos su sistema de valores y que, antes de enterarnos y juzgar las causas de las malas condiciones laborales, criminalicemos y juzguemos a los trabajadores que las sufren y han decidido movilizarse para obtener mejoras.

Hacen huelga con lo bien que viven. Si viven bien o no, quienes tienen que decidirlo son ellos. Ellos son quienes tienen que ir cada día a trabajar, quienes saben con lo que se encuentran y el esfuerzo que les supone hacerlo. No, ni tú ni yo podemos juzgar si viven bien o no.

Hacen huelga porque son unos vagos. Como he dicho más arriba, nadie hace huelga por gusto. Nadie convoca una huelga porque así tiene un día de vacaciones. Precisamente porque la huelga no es para quedarse en casa descansando sino para protestar, para ir a concentraciones, a manifestaciones. E incluso aunque te quedaras en casa, es un día menos de salario que vas a cobrar a fin de mes, un día menos de paga extra, un día menos de cotización. Poca, muy poca gente pasaría por todo eso solo por vagancia.

Hacen huelga porque se lo pueden permitir. Uno de los grandes males de la clase trabajadora: ver que alguien hace huelga y asumir que lo hace porque le sobra el dinero. La gran mayoría de las veces es al contrario: aquel al que le sobra el dinero no suele ver problema en que le empeoren las condiciones laborales. Al contrario, el que decide hacer huelga no es porque le sobre, sino porque sabe que este sacrificio puede conllevar un bien mayor: unas mejores condiciones de trabajo.

Hacen huelga para no perder sus privilegios. El peor ataque de todos: el ver a los trabajadores como privilegiados. Los trabajadores son los creadores de la riqueza. Ningún capitalista podría ganar dinero, aumentar su capital, si no existieran trabajadores que trabajaran para él, es decir, a los que extraerles parte de su trabajo. Considerar que la parte esencial del proceso de producción tiene privilegios es, cuanto menos, clasista, por no decir directamente ofensivo. Un trabajador no tiene privilegios: tiene derechos adquiridos y consolidados mediante la lucha obrera y la negociación. ¿Te parecen privilegios porque tú tienes peores condiciones laborales? Quizá deberías plantearte si precisamente tienen esos privilegios porque se los han currado mediante movilizaciones y acciones colectivas. ¿O es que esperabas que te recompensaran por estar calladito y decir que sí a todo?

Recientemente hemos visto esto en la huelga de la empresa de basuras de Málaga, LIMASA. Dejando aparte la intoxicación de los medios (medios controlados por burgueses, al fin y al cabo), nos hemos encontrado en redes sociales con miles de trabajadores, de gente que no tiene donde caerse muerta, criticando a los trabajadores de LIMASA por su huelga. Esos mismos críticos en ningún momento se han parado a mirar los beneficios que FCC extrae de LIMASA, por ejemplo, ni las condiciones de los directivos. Han ido directamente a atacar y criticar a los trabajadores.

Como diría Alberto Garzón, ¿quién está pensando por ellos? Aunque ya todos sabemos la respuesta. Esta falta de conciencia de clase es la que tenemos que superar para conseguir empoderar al proletariado.

Aquí la única verdad es que los trabajadores de LIMASA, como todos los huelguistas, son unos valientes. Mujeres y hombres que se han hartado de tener unas condiciones penosas y precarias cuando son el elemento esencial de la empresa y de sus servicios. Y si te parece que sus condiciones no son penosas y precarias... permíteme decirte que los únicos que deben juzgar eso son ellos, no tú ni yo, ni cualquier otro observador.

La lucha de los trabajadores de LIMASA y la nuestra como clase trabajadora es la misma, y el único camino es la solidaridad obrera.